Recreación del momento en que Howard Carter mira por primera vez dentro de la tumba de Tutankamón, iluminado por una vela."Veo cosas maravillosas": el instante que despertó al faraón y a su supuesta venganza.

Usted conoce la historia. Es el guion de cada película de momias que ha visto. Un grupo de arqueólogos profana una tumba antigua, ignorando una advertencia escrita en la puerta: «La muerte golpeará con sus alas a aquel que turbe el reposo del faraón». Uno a uno, los miembros de la expedición mueren en circunstancias extrañas y aterradoras.

Pero, ¿sabía usted que esa inscripción nunca existió en la tumba de Tutankamón?

Bienvenido a la autopsia de la leyenda más grande de la arqueología. Usted está a punto de viajar a 1922, al Valle de los Reyes, para desentrañar qué sucedió realmente tras el descubrimiento de la tumba KV62. Analizaremos los hechos fríos, las muertes sospechosas y la ciencia detrás de los «venenos de tumba».

Usted descubrirá que la realidad de la «Maldición del Faraón» es una mezcla fascinante de coincidencia trágica, biología antigua y, sobre todo, una de las campañas de marketing y sensacionalismo más exitosas de la historia moderna.

El descubrimiento que paró el mundo

Para entender la maldición, usted debe sentir primero la euforia. El 4 de noviembre de 1922, Howard Carter, financiado por el quinto conde de Carnarvon, encontró el primer escalón de una tumba intacta.

Imagine la tensión. Durante años, los expertos habían declarado que el Valle de los Reyes estaba agotado. Carter estaba gastando el último dinero de Carnarvon. Cuando finalmente hicieron el agujero en la puerta sellada y Carnarvon preguntó: «¿Puede ver algo?», la respuesta de Carter, «Sí, cosas maravillosas», resonó en todo el planeta.

Pero la oscuridad no tardó en llegar. Pocos meses después de la apertura oficial, la tragedia golpeó. Y no golpeó a un trabajador anónimo, sino al patrón de la expedición.

La muerte de Lord Carnarvon: El nacimiento del mito

El 5 de abril de 1923, Lord Carnarvon murió en el Hotel Continental-Savoy de El Cairo. La causa oficial: neumonía y envenenamiento de la sangre causado por la infección de una picadura de mosquito que se cortó al afeitarse.

Aquí es donde usted debe observar cómo nace una leyenda. Los hechos eran médicos, pero el contexto era mágico.

  1. El apagón: Se reportó que, en el momento exacto de su muerte, todas las luces de El Cairo se apagaron. (Aunque los apagones eran comunes en la red eléctrica poco fiable de la época).
  2. El perro: Se dijo que, en su castillo en Inglaterra, su perra Susie aulló y cayó muerta al mismo tiempo que su amo.
  3. La herida: Se rumoreó que, al desenvolver la momia de Tutankamón (lo cual ocurrió mucho después), se encontró una herida en la mejilla del faraón en el mismo lugar donde el mosquito picó a Carnarvon.

La prensa mundial, liderada por periodistas que habían sido excluidos de la exclusiva (que tenía el The Times de Londres), se lanzó sobre la historia de la maldición. Necesitaban vender periódicos, y una venganza sobrenatural vendía más que una infección por estreptococos.

Incluso Sir Arthur Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes y ferviente espiritista, declaró públicamente que «elementales» malignos creados por los sacerdotes egipcios podrían haber causado la muerte. Cuando Sherlock Holmes valida la magia, el público obedece.

La lista de «víctimas»: ¿Realidad o exageración?

Usted leerá en muchos sitios que más de 20 personas murieron por la maldición. Analicemos algunos de los casos más citados para ver si resisten el escrutinio lógico.

  • George Jay Gould I: Un magnate ferroviario que visitó la tumba y murió de neumonía poco después en la Riviera francesa.
  • El príncipe Ali Kamel Fahmy Bey: Visitó la tumba y fue asesinado a tiros por su esposa meses después. (¿Culpa del faraón o de un matrimonio terrible?).
  • Sir Archibald Douglas-Reid: El radiólogo que hizo las placas de rayos X a la momia. Murió de una enfermedad misteriosa. (Usted debe recordar que los radiólogos de la época trabajaban sin protección y morían frecuentemente por la radiación).
  • Arthur Mace: Miembro del equipo de excavación, murió de pleuresía y neumonía en 1928.

Parece un patrón, ¿verdad? Pero usted, como investigador crítico, debe mirar la otra cara de la moneda: los supervivientes.

El fallo estadístico de la maldición

Si la maldición tenía como objetivo castigar a los profanadores, hizo un trabajo pésimo con el profanador principal.

Howard Carter, el hombre que encontró la tumba, rompió los sellos, sacó la momia y manipuló cada objeto, vivió hasta los 64 años y murió de linfoma en 1939, 17 años después del descubrimiento.

Un estudio publicado en el British Medical Journal en 2002 analizó la longevidad de las 44 personas occidentales que estuvieron presentes en la apertura de la tumba y el sarcófago. La conclusión fue devastadora para el mito: no hubo diferencia significativa en la esperanza de vida entre los que entraron en la tumba y los que no. La edad media de muerte de los participantes fue de 70 años, una cifra muy respetable para la época.

La «maldición» parece haber sido selectiva, atacando a personas que ya eran mayores o tenían salud frágil (Carnarvon tenía los pulmones destrozados por un accidente de coche años antes).

La explicación científica: El asesino biológico

Sin embargo, usted no debe descartar completamente el peligro de las tumbas. Existe una explicación científica que es tan aterradora como la magia: los patógenos antiguos.

Las tumbas egipcias contienen ofrendas de comida (carne, pan, fruta) que se pudren. También contienen murciélagos que dejan guano. En este ambiente oscuro y cerrado durante 3000 años, prosperan hongos y bacterias.

El principal sospechoso es el Aspergillus flavus, un moho que produce esporas tóxicas y aflatoxinas. Si una persona con el sistema inmunológico debilitado (como Lord Carnarvon) inhala estas esporas al romper el sello de una cámara cerrada, puede desarrollar una aspergilosis pulmonar, que es fatal y se parece mucho a una neumonía grave.

Además, se han encontrado concentraciones de amoníaco, formaldehído y sulfuro de hidrógeno en sarcófagos sellados. El «aire viciado» del que hablaban los antiguos no era un mito; era un riesgo biológico real.

¿Es posible que Carnarvon muriera por una combinación de su mala salud, la picadura infectada y la exposición a hongos tóxicos dentro de la tumba? Es la teoría más plausible que usted encontrará.

La inscripción que nunca existió

Volvamos a la advertencia escrita. Usted recordará la frase sobre «la muerte golpeará con sus alas». Esa frase nunca se encontró en la tumba de Tutankamón.

Hubo, sin embargo, una inscripción en un ladrillo de arcilla (uno de los ladrillos mágicos) que decía: «Yo soy el que impide que la arena ahogue la cámara secreta». Y otra en una estatua de Anubis que decía: «Soy el que repele a los enemigos de Osiris». Son fórmulas defensivas estándar, no maldiciones de muerte.

La frase famosa fue, en realidad, una invención periodística o una transposición de maldiciones encontradas en otras tumbas menos famosas. La prensa necesitaba un titular, y lo fabricó.

Conclusión: El poder de la sugestión

La maldición de Tutankamón es real, pero no en la forma que usted piensa. No es una magia que mata el cuerpo, sino un meme que infectó la cultura popular.

La maldición sirvió para proteger la dignidad del faraón mejor que cualquier puerta sellada. Mantuvo el misterio vivo, generó millones de dólares en turismo, libros y películas, y aseguró que el nombre de Tutankamón, un rey menor que murió joven y olvidado, sea hoy el nombre más famoso de la historia antigua.

Usted puede entrar hoy en la tumba KV62 sin miedo a morir fulminado. Pero si siente un escalofrío al bajar las escaleras, no es el espíritu del rey; es el peso de cien años de historias de fantasmas susurrándole al oído. Y quizás, solo quizás, debería ponerse una mascarilla, por si el Aspergillus sigue esperando en la oscuridad.