Cada 6 de enero, millones de niños esperan regalos de tres hombres con coronas y camellos: Melchor, Gaspar y Baltasar.
La tradición nos dice que eran reyes de diferentes razas.
Pero si usted abre la Biblia (Mateo 2:1-12), se llevará una sorpresa.
Mateo no dice que eran tres. No dice que eran reyes. Y no dice sus nombres.
Solo dice: «Vinieron del oriente a Jerusalén unos magos».
La palabra griega original es Mago (Magoi).
En la antigüedad, esto no significaba «hechicero» tipo Harry Potter. Se refería específicamente a la casta sacerdotal del Zoroastrismo en Persia (actual Irán). Eran astrónomos, matemáticos y consejeros reales.
¿Por qué unos sacerdotes persas viajarían meses para adorar a un rey judío? ¿Y qué secreto esconden sus regalos?
Acompáñeme a seguir la estrella para descubrir la identidad oculta de los visitantes más misteriosos del Nuevo Testamento.
La conexión Persa: Zoroastro y el Saoshyant
Los Magos eran expertos en el cielo. Creían que el movimiento de los planetas dictaba la historia.
Su profeta, Zoroastro, había predicho la llegada de un Saoshyant (Salvador) que nacería de una virgen y traería la victoria final de la luz sobre la oscuridad.
Cuando vieron una «estrella» nueva (probablemente una conjunción planetaria rara, como Júpiter y Saturno en Piscis, o una supernova), interpretaron que el Salvador había nacido.
Para ellos, Jesús no era solo el Mesías judío; era el cumplimiento de su propia profecía persa. Su viaje fue una misión diplomática y teológica interreligiosa.
La Astro-teología: Orión y Sirio
Si aplicamos la lente de la astro-teología (como hicimos en el artículo anterior), la historia cambia.
Mire al cielo en invierno. Verá las tres estrellas brillantes del Cinturón de Orión (Alnitak, Alnilam y Mintaka).
Desde la antigüedad, estas tres estrellas se han llamado «Los Tres Reyes».
Si usted traza una línea a través de los Tres Reyes hacia el este, apuntan directamente a la estrella más brillante del cielo: Sirio.
El 25 de diciembre, los Tres Reyes «siguen» a Sirio hacia el lugar donde sale el Sol.
Bajo esta interpretación, la historia es una alegoría astronómica:
- La Estrella de Belén: Es Sirio (o el Sol naciente).
- Los Magos: Son el Cinturón de Orión.
- El Pesebre: Es la constelación de Virgo (la Virgen) o el horizonte donde nace el Sol.
La Biblia estaría narrando, una vez más, el movimiento de los cielos personificado.
El simbolismo alquímico de los regalos
¿Por qué oro, incienso y mirra? No son regalos prácticos para un bebé (a menos que planees venderlos). Son declaraciones teológicas y alquímicas.
- Oro: El metal del Sol. Representa la Realeza. Reconocen a Jesús como Rey. En alquimia, es la perfección espiritual, el espíritu purificado.
- Incienso: Una resina que se quema en el templo. El humo sube al cielo. Representa la Divinidad. Reconocen a Jesús como Dios/Sacerdote. En alquimia, es el alma o la mente que conecta con lo superior.
- Mirra: Una resina amarga usada para embalsamar cadáveres. Representa la Humanidad y la Muerte. Reconocen que Jesús es un hombre mortal que ha venido a sacrificarse. En alquimia, es el cuerpo físico y la putrefacción necesaria para renacer.
Los Magos le regalaron a Jesús su propia identidad: Rey, Dios y Sacrificio. O, en términos esotéricos: Espíritu, Alma y Cuerpo.
¿Eran tres? ¿Eran reyes?
La Biblia no da un número. Asumimos que eran tres porque hubo tres regalos. En tradiciones orientales, a veces son 12 magos.
La idea de que eran «Reyes» se añadió siglos después para cumplir una profecía del Salmo 72: «Los reyes de Tarsis y de las costas traerán presentes».
Los nombres (Melchor, Gaspar, Baltasar) y las razas (europeo, asiático, africano) aparecieron en la Edad Media para simbolizar que las tres partes del mundo conocido adoraban a Cristo.
Conclusión: La búsqueda de la sabiduría
Ya fueran sacerdotes persas reales o estrellas en el cielo, los Magos representan el arquetipo del Buscador.
Son hombres de ciencia y fe que dejan su comodidad para seguir una señal divina, sin importar lo lejos que los lleve.
Representan la unión de la ciencia (astronomía) y la espiritualidad.
Nos enseñan que la sabiduría verdadera requiere mirar hacia arriba y estar dispuesto a caminar por el desierto en la oscuridad, guiado solo por una luz lejana.
