La Basílica de San Pedro en el Vaticano, con el símbolo del Opus Dei (una cruz dentro de un círculo) brillando como un sol negro en el cielo, simbolizando su influencia oculta. Dentro de la Iglesia más grande del mundo, opera una de sus organizaciones más secretas y poderosas.

Le invito a explorar los pasillos más discretos y poderosos de la Iglesia Católica, a un mundo de devoción intensa, disciplina férrea y una influencia política y financiera que se extiende por todo el globo. Vamos a hablar de la «Obra de Dios», la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei, conocida simplemente como Opus Dei.

Para sus miembros y defensores, el Opus Dei es un camino hacia la santidad en la vida cotidiana. Es una institución de la Iglesia Católica que enseña a laicos y sacerdotes a encontrar a Dios en su trabajo profesional y en sus deberes diarios. Es una fuerza para el bien, que promueve los valores católicos en el corazón de la sociedad.

Pero para sus críticos, ex-miembros y los investigadores que han intentado penetrar su velo de secretismo, el Opus Dei es algo muy diferente. Lo describen como una «sociedad secreta» fundamentalista, una «santa mafia» que opera con una estructura de culto, exigiendo una obediencia absoluta a sus miembros y utilizando su vasta riqueza e influencia para promover una agenda política ultraconservadora dentro y fuera del Vaticano.

Popularizado en la cultura de masas como los villanos de «El Código Da Vinci», ¿es el Opus Dei una simple víctima de la propaganda anticatólica, o hay fuego detrás del humo de la controversia? Hoy, vamos a analizar su estructura, sus prácticas y su poder para discernir la verdad.

El origen: la visión de un santo controvertido

El Opus Dei fue fundado en Madrid en 1928 por un joven sacerdote español, Josemaría Escrivá de Balaguer. Según Escrivá, el 2 de octubre de 1928, mientras estaba en un retiro, tuvo una visión divina. Dios le «hizo ver» el Opus Dei, una nueva institución dentro de la Iglesia que recordaría a los laicos que estaban llamados a la santidad sin necesidad de abandonar sus profesiones en el mundo.

El mensaje central de Escrivá era radicalmente simple: el trabajo, cualquier trabajo honesto, puede ser un camino de oración y un medio para santificar el mundo desde dentro. Un banquero, un político, un profesor o un obrero podían convertirse en santos a través de la excelencia en su trabajo y la devoción en su vida diaria.

Esta idea fue increíblemente atractiva, y la organización creció rápidamente, primero en la España franquista (donde muchos de sus miembros ocuparon altos cargos en el gobierno de Franco) y luego internacionalmente. En 1982, el Papa Juan Pablo II, un gran admirador de la organización, la elevó al estatus único de prelatura personal, una especie de diócesis global sin fronteras, responsable únicamente ante el Papa.

La estructura: una jerarquía de devoción

Una de las principales críticas al Opus Dei es su estructura jerárquica y secreta, que se asemeja más a una sociedad de iniciación que a una simple asociación de laicos.

  • Numerarios: Son la élite de la organización. Viven en centros especiales del Opus Dei, separados por sexo. Hacen un voto de celibato y entregan la totalidad de sus salarios a la organización, que a su vez cubre sus gastos. Se espera de ellos una obediencia absoluta a sus directores espirituales.
  • Agregados: También son célibes, pero viven con sus familias o por su cuenta debido a circunstancias personales. Al igual que los numerarios, dedican su vida a la misión del Opus Dei.
  • Supernumerarios: Son la mayoría de los miembros. Son hombres y mujeres casados que viven una vida familiar normal, pero que integran la espiritualidad y las prácticas del Opus Dei en su vida cotidiana. Contribuyen financieramente a la organización.

Esta estructura crea un núcleo de miembros totalmente dedicados y controlados (los numerarios), rodeado por una vasta red de miembros y simpatizantes en todos los estratos de la sociedad.

Las prácticas controvertidas: el cilicio y la obediencia ciega

Lo que ha generado más sensacionalismo y críticas son las prácticas ascéticas y la cultura de control dentro de la organización.

La mortificación corporal

Los miembros numerarios y agregados practican la «mortificación corporal» voluntaria como una forma de disciplina y de unirse a los sufrimientos de Cristo.

  • El cilicio: Una cadena de metal con pequeñas púas que se lleva atada firmemente alrededor del muslo durante dos horas al día.
  • La «disciplina»: Un pequeño látigo de cuerda con el que se golpean las nalgas o la espalda una vez a la semana.
  • Otras prácticas: Dormir en el suelo o sin almohada, y soportar el frío o el calor.

El Opus Dei defiende estas prácticas como una tradición ascética venerable dentro de la Iglesia Católica. Los críticos las ven como una herramienta de control de tipo sectario, que crea un ciclo de dolor y culpa que une al miembro más estrechamente a la organización.

La obediencia y el control

El libro de Josemaría Escrivá, «Camino», una colección de 999 máximas, es la guía espiritual de todo miembro. Algunas de sus máximas sobre la obediencia son escalofriantes para una mentalidad moderna:

«Obedecer ciegamente al superior, camino de santidad.» (Máxima 616)«¡Qué afán ponen los hombres en sus asuntos terrenos!… ¿No sentís vergüenza al ver que vosotros y yo ponemos menos afán en los asuntos del Alma?» (Máxima 318)

Ex-miembros han descrito una cultura de control intenso, donde los directores espirituales deben ser consultados sobre todas las decisiones importantes de la vida, desde la carrera profesional hasta las amistades. Se controla la correspondencia, se desaconsejan las lecturas «peligrosas» y se fomenta una separación del mundo exterior y de las familias.

El poder y la influencia: la «santa mafia»

El Opus Dei no es solo una organización espiritual; es una formidable potencia económica y política.

  • Riqueza: A través de las contribuciones de sus miembros (especialmente los salarios completos de los numerarios) y de una red de fundaciones y empresas afines, el Opus Dei controla una fortuna estimada en miles de millones de dólares.
  • Influencia política: La estrategia del Opus Dei es la infiltración. No actúan como un lobby político abierto. En su lugar, animan a sus miembros a alcanzar posiciones de poder e influencia en la política, las finanzas, los medios de comunicación y el mundo académico, y a gobernar según los principios católicos conservadores. Han sido particularmente influyentes en España, América Latina y en los círculos conservadores de Estados Unidos.
  • Influencia en el Vaticano: El Opus Dei alcanzó el apogeo de su poder bajo el papado de Juan Pablo II, quien canonizó a Escrivá en un tiempo récord en 2002. Se convirtieron en una fuerza poderosa dentro de la Curia Romana, a menudo vistos como un baluarte conservador contra las tendencias más liberales de la Iglesia.

Para sus críticos, esta red de influencia secreta, unida por una obediencia estricta, es lo que les ha valido el apodo de la «santa mafia» o el «pulpo».

Conclusión: ¿santos o conspiradores?

Entonces, ¿es el Opus Dei una sociedad secreta?

  • Argumento en contra: El Opus Dei insiste en que no lo es. Su existencia es pública, sus estatutos están aprobados por el Vaticano y no tienen rituales de iniciación secretos al estilo masónico. Afirman que la discreción de sus miembros no es secretismo, sino una humildad cristiana.
  • Argumento a favor: Los críticos argumentan que, en la práctica, opera como una sociedad secreta. La membresía de muchos de sus miembros de alto perfil no es pública. Su estructura jerárquica y su cultura de obediencia ciega crean una red de poder que no rinde cuentas. Y su influencia se ejerce en la sombra, no a la luz pública.

La verdad, probablemente, es que el Opus Dei es una criatura única: una sociedad discreta de iniciación religiosa. Utiliza el secretismo y una estructura de control de tipo sectario no para una conspiración política en el sentido clásico, sino para lograr un objetivo religioso: la «recristianización» de la sociedad desde dentro, de acuerdo con su visión fundamentalista del catolicismo.

El peligro del Opus Dei, según sus críticos, no es que estén planeando un golpe de estado, sino algo más sutil: que están creando una élite de líderes en todos los campos de la sociedad cuya lealtad final no es a los principios democráticos de sus países, sino a las directivas de un prelado en Roma y a las máximas de un santo español del siglo XX.