En un continente acostumbrado a políticos grises y corruptos, Nayib Bukele irrumpió como una estrella de rock.
Usa gorra de béisbol al revés, gobierna a través de Twitter (ahora X), se burla de la comunidad internacional y ha logrado lo imposible: pacificar al país más violento del hemisferio occidental en tres años.
Para el 90% de los salvadoreños, es un héroe nacional, un mesías que los liberó del yugo de las maras.
Para la prensa internacional y los defensores de la democracia, es un tirano en potencia que ha desmantelado la separación de poderes, cooptado la justicia y violado la Constitución para reelegirse.
Usted se encuentra ante la paradoja política del siglo XXI: ¿Puede una dictadura ser popular? ¿Es la democracia un lujo que los países en crisis no pueden permitirse?
Acompáñeme a analizar el «Bukelismo», no desde la pasión, sino desde los hechos, para entender si estamos viendo el nacimiento de un nuevo Singapur o de una nueva Venezuela.
El desmantelamiento de la democracia
Para entender por qué lo llaman dictador, usted debe mirar sus acciones institucionales.
- El 9F (2020): Bukele entró al Salón Azul de la Asamblea Legislativa acompañado de militares armados con fusiles de asalto para presionar a los diputados a aprobar un préstamo. Fue una demostración de fuerza visualmente aterradora.
- La destitución de la Sala (2021): En su primer día con mayoría legislativa, su partido destituyó al Fiscal General y a los magistrados de la Sala de lo Constitucional, reemplazándolos por leales. Esto eliminó el contrapeso judicial.
- La Reelección (2024): La Constitución de El Salvador prohíbe explícitamente la reelección inmediata en varios artículos. Sin embargo, la nueva Sala (puesta por él) reinterpretó la ley para permitirle correr de nuevo. Ganó con una mayoría aplastante, pero bajo reglas que él mismo cambió.
Técnicamente, Bukele ha concentrado todo el poder del Estado. No hay nadie que pueda decirle «no». En términos de ciencia política, eso es autoritarismo.
El argumento de la eficacia
Pero aquí está el problema para sus críticos: El sistema funciona.
Bajo la democracia tradicional (ARENA y FMLN), El Salvador era un baño de sangre corrupto.
Bajo el autoritarismo de Bukele, El Salvador es seguro, moderno y atrae inversión.
Bukele argumenta que la «democracia» que defienden las ONGs era una farsa que solo servía para proteger a los criminales y a los políticos ladrones. Él ofrece una «democracia directa» donde el líder hace lo que el pueblo quiere, sin intermediarios burocráticos.
Es un contrato social nuevo: «Entrégame tu libertad política y yo te daré libertad real (de vivir sin miedo)». Y el pueblo ha firmado.
La apuesta Bitcoin y la economía
Bukele no solo quiere ser el policía de América; quiere ser su CEO.
En 2021, convirtió a El Salvador en el primer país del mundo en adoptar Bitcoin como moneda de curso legal.
Fue una apuesta arriesgada. El FMI lo criticó. La volatilidad del mercado asustó a muchos.
Pero Bukele ve el futuro. Planea construir «Bitcoin City», una ciudad libre de impuestos alimentada por energía geotérmica de un volcán.
Si el Bitcoin sube, El Salvador podría pagar su deuda externa y volverse rico. Si colapsa, el país quiebra. Es la jugada de un apostador de alto riesgo, no de un burócrata conservador.
El culto a la personalidad
Usted no puede ignorar el marketing. Bukele es un genio de la comunicación.
Sus videos están editados como películas de Hollywood. Sus discursos son virales. Ha creado una marca personal tan fuerte que es inseparable del Estado.
Esto es peligroso. La historia nos enseña que cuando el Estado es una persona, la sucesión es traumática. ¿Qué pasa si Bukele falta? ¿O si se equivoca? No hay instituciones fuertes para corregir el rumbo, solo hay Bukele.
Conclusión: El espejo de Latinoamérica
Nayib Bukele es el síntoma de una enfermedad regional: el fracaso de la democracia liberal para resolver los problemas básicos de la gente (seguridad y comida).
Cuando la democracia no da resultados, la gente aplaude al hombre fuerte.
Bukele no es un dictador del siglo XX (como Pinochet o Castro). Es un autócrata millennial.
Es popular, tecnológico y eficaz. Y eso lo hace mucho más difícil de clasificar y de combatir para sus opositores.
El tiempo dirá si pasará a la historia como el Lee Kuan Yew de Centroamérica (el padre de la patria moderna) o como otro caudillo que se enamoró tanto de su propia imagen que olvidó soltar el poder.
