Vista majestuosa del monte Shasta cubierto de nieve bajo un cielo despejado en el norte de California.El monte Shasta se eleva solitario, desafiando el horizonte del norte de California.

La silueta solitaria que desafía la razón

Cuando uno conduce por la Interestatal 5 en el norte de California, la presencia del monte Shasta no se anuncia de forma sutil. Aparece de repente, un gigante de piedra y hielo que se eleva más de cuatro mil metros sobre el nivel del mar, rompiendo la monotonía del paisaje con una violencia estética que corta la respiración. No es solo su altura lo que impacta; es su aislamiento. A diferencia de otras cumbres de las Cascadas, el Shasta parece haber sido colocado allí por una mano caprichosa, lejos de sus hermanos geológicos, reclamando un espacio soberano que se siente cargado de algo que la geología convencional no alcanza a explicar por completo.

Para los que nos apasionan los límites de lo real, esta montaña no es simplemente un estrato-volcán inactivo. Es un epicentro de lo imposible. Desde hace décadas, el Shasta ha dejado de ser un destino meramente recreativo para excursionistas y se ha transformado en un faro para quienes buscan respuestas fuera de los libros de texto oficiales. Se habla de luces que entran y salen de la roca, de extrañas figuras de túnicas blancas caminando por senderos inaccesibles y, sobre todo, de la persistente leyenda de Telos, la ciudad intraterrena habitada por los supervivientes del continente perdido de Lemuria. En este artículo, vamos a descender —o quizás ascender— a las profundidades de este mito, analizando no solo la tradición mística, sino el impacto cultural y los fenómenos físicos que hacen de este lugar el vórtice más enigmático de América del Norte.

El magnetismo geológico de un gigante dormido

Desde un punto de vista puramente científico, el monte Shasta es una anomalía fascinante. Es el segundo pico más alto de la cordillera de las Cascadas y posee un volumen masivo que lo convierte en uno de los volcanes más imponentes del mundo. Sin embargo, su actividad térmica es sospechosamente baja para su estructura. Geológicamente, la montaña está compuesta por cuatro conos superpuestos, lo que indica una historia de erupciones cíclicas y reconstrucciones violentas. La última gran erupción documentada ocurrió en 1786, observada desde el mar por el explorador La Pérouse, pero las leyendas locales sugieren que el fuego interior de la montaña nunca se ha apagado del todo.

Lo que me parece más revelador no es la roca en sí, sino cómo interactúa con la atmósfera. El Shasta es famoso por sus nubes lenticulares, formaciones circulares que se posan sobre la cumbre como platillos voladores gigantes. Los meteorólogos dicen que son el resultado del aire húmedo enfriándose al subir por la ladera, pero si te quedas observándolas durante un atardecer, cuando el sol tiñe la nieve de un rosa eléctrico, es difícil no pensar en camuflaje. Hay algo en la densidad del aire alrededor del pico que afecta incluso a los instrumentos de navegación. No son pocos los pilotos que han reportado variaciones magnéticas inexplicables al sobrevolar la zona, lo que alimenta la teoría de que el Shasta se asienta sobre un nodo energético de la Tierra, una intersección de líneas ley que canalizan una fuerza que apenas empezamos a intuir.

Las raíces del mito: de los nativos americanos a los buscadores modernos

Antes de que los entusiastas de la Nueva Era llegaran con sus cristales y sus teorías de portales dimensionales, los pueblos originarios ya sabían que el Shasta era un lugar sagrado. Para los Klamath, los Modoc y los Shasta, la montaña era el hogar del Gran Espíritu Skell, quien descendió de los cielos para librar batallas contra Llao, el espíritu del inframundo que habitaba en el cercano Lago del Cráter. Para estas tribus, la montaña no era un lugar para ser conquistado por el hombre; era un santuario donde el límite entre el mundo espiritual y el físico era peligrosamente delgado.

Esta percepción de ‘terreno sagrado’ fue la semilla que germinó en la mente de los colonos occidentales. A finales del siglo XIX, la mentalidad mística comenzó a fusionarse con el romanticismo de la exploración. Los buscadores de oro y los naturalistas empezaron a regresar con historias de encuentros con seres ‘distintos’. No hablaban de fantasmas, sino de personas de piel pálida, estatura inusual y una serenidad que no pertenecía a los rudos hombres de la frontera. Fue aquí donde el Shasta dejó de ser solo una montaña para convertirse en un contenedor de mitologías modernas. La transición del mito indígena a la leyenda urbana mística es un proceso fascinante que demuestra que, sin importar la cultura, el ser humano reconoce instintivamente los lugares que poseen una vibración diferente.

Telos y el reino de Lemuria: el origen de la leyenda subterránea

La idea de que una civilización avanzada vive dentro de la montaña no surgió de la nada. El punto de inflexión fue la publicación en 1894 de ‘A Dweller on Two Planets’ (Un habitante de dos planetas), escrito por Frederick Spencer Oliver. Oliver afirmó que el contenido del libro le fue dictado por una entidad llamada Phylos el Tibetano mientras él trabajaba como agrimensor en las faldas del monte Shasta. En esta obra se menciona por primera vez la existencia de una red de túneles y ciudades subterráneas habitadas por descendientes de un continente hundido.

Lemuria, al igual que la Atlántida, es el nombre de una tierra perdida que, según los ocultistas de la época, se hundió en el Océano Pacífico hace miles de años. Según la leyenda, antes del cataclismo final, un grupo de lemurianos logró refugiarse en el interior del monte Shasta, construyendo una metrópolis llamada Telos. Se describe a Telos como una ciudad de luz, donde no existe la enfermedad ni la vejez, y donde la tecnología se basa en el uso de cristales y energía pura. Lo que me resulta increíble de este relato es cómo ha persistido y evolucionado. Hoy en día, miles de personas creen firmemente que bajo los glaciares de Whitney y Bolam existe una sociedad que nos observa, esperando el momento adecuado de nuestra evolución para salir a la superficie. No es solo una historia de ciencia ficción; para muchos, es una esperanza de que existe un modelo de civilización superior al nuestro, oculto bajo nuestros pies.

Avistamientos y fenómenos inexplicables en las laderas

Si te sientas una noche clara cerca de Bunny Flat, uno de los puntos de acceso más populares, las probabilidades de que veas algo extraño son inusualmente altas. No hablo solo de luces en el cielo. Muchos excursionistas han reportado la ‘desaparición’ de senderos que conocían perfectamente, o la sensación de caminar a través de un muro de aire denso para encontrarse en un lugar que parece el mismo, pero con una luz diferente. Es el fenómeno de los ‘desplazamientos dimensionales’, una constante en los testimonios sobre el Shasta.

Los avistamientos de OVNIs son tan frecuentes que la oficina del Sheriff local tiene un archivo considerable de reportes que simplemente no pueden ser catalogados como drones o satélites. Testigos describen naves que parecen entrar directamente en la roca de la montaña sin dejar rastro de impacto. Pero quizás lo más inquietante son los encuentros con los propios ‘lemurianos’. Testimonios recogidos a lo largo de los años hablan de hombres y mujeres de casi dos metros y medio de altura, vestidos con túnicas blancas y sandalias, que aparecen en las tiendas locales de los pueblos cercanos como Weed o Mount Shasta City, pagan con pepitas de oro antiguas y desaparecen en los bosques sin dejar huellas en la nieve. Estos relatos, aunque carecen de evidencia fotográfica sólida, forman una narrativa colectiva que es imposible de ignorar. Hay una coherencia en las descripciones que sugiere que, si es una alucinación, es una alucinación compartida por personas que nunca se han conocido entre sí.

El encuentro de Guy Ballard y el movimiento I AM

En la década de 1930, la mística del monte Shasta dio un salto hacia la religión organizada a través de la figura de Guy Ballard. Mientras caminaba por las laderas de la montaña, Ballard afirmó haber conocido a un hombre que resultó ser el Conde de Saint Germain, un maestro ascendido que, según él, le reveló los secretos de la ‘Presencia Yo Soy’. Este encuentro no solo dio lugar a un movimiento espiritual masivo que aún existe hoy, sino que consolidó la imagen del Shasta como un portal para la jerarquía espiritual del planeta.

Ballard describió haber sido llevado al interior de la montaña, a un lugar llamado la Cueva de los Símbolos, donde vio maravillas tecnológicas y tesoros antiguos. Su relato transformó la montaña en un centro de peregrinación mundial. Lo que me llama la atención de este periodo es cómo la montaña empezó a ser vista como una entidad viva. Los seguidores de Ballard y de los movimientos posteriores no van al Shasta a subir a la cima; van a ‘conectar’ con ella. Esta visión de la montaña como un maestro espiritual es única en el mundo occidental y compite en profundidad con la visión de los monasterios en el Himalaya. El Shasta se convirtió en el Tíbet de California, un lugar donde el velo entre el hombre y lo divino se supone que es inexistente.

La ciencia frente a lo místico: ¿vórtice energético o ilusión óptica?

Es saludable mantener un pie en la tierra mientras exploramos estas alturas. ¿Qué dice la ciencia sobre la ‘energía’ del Shasta? Si bien conceptos como ‘vórtice’ no están reconocidos por la física académica, hay estudios sobre anomalías geomagnéticas que podrían explicar por qué la gente se siente diferente allí. El monte Shasta se encuentra en una zona de intensa actividad tectónica y volcánica, lo que genera fluctuaciones en los campos electromagnéticos locales. Estas fluctuaciones pueden afectar el lóbulo temporal del cerebro humano, induciendo sensaciones de presencia, euforia o incluso visiones vívidas.

Además, el aire en estas altitudes es extremadamente puro y rico en iones negativos, especialmente cerca de las cascadas y los glaciares. Esto tiene un efecto fisiológico comprobado: mejora el estado de ánimo y aumenta la claridad mental. Por otro lado, la privación de oxígeno y el agotamiento físico de los escaladores pueden jugar malas pasadas a la percepción. Sin embargo, esto no explica los avistamientos múltiples y simultáneos ni las anomalías capturadas por radares. Mi perspectiva es que la ciencia y la mística están mirando el mismo fenómeno desde ángulos diferentes. Lo que un geólogo llama una ‘discontinuidad magnética’, un místico lo llama un ‘portal’. Quizás ambos tengan razón y el Shasta sea simplemente un lugar donde las reglas de la física convencional se doblan un poco más de lo normal.

Los guardianes de la montaña: testimonios de quienes vieron a los lemurianos

A lo largo de los años, he tenido la oportunidad de leer y escuchar relatos de personas que no buscan fama ni dinero con sus historias. Guardabosques, militares retirados y escaladores experimentados han compartido experiencias que desafían la lógica. Uno de los relatos más persistentes es el de un grupo de exploradores en la década de 1960 que, tras perderse en una tormenta repentina cerca del glaciar Konwakiton, afirmaron haber sido guiados por una luz cálida hasta una abertura en la roca. Dentro, dicen haber encontrado un vestíbulo de paredes cristalinas donde fueron atendidos por seres que irradiaban una calma absoluta. Al día siguiente, se despertaron en el sendero principal, a kilómetros de donde creían estar, con sus ropas completamente secas a pesar de la tormenta.

Otro testimonio recurrente involucra a los ‘Hombres de Blanco’. En el pueblo de Mount Shasta, los antiguos dependientes de gasolineras cuentan historias de clientes que llegaban en coches que parecían modelos de lujo antiguos, pero en estado impecable, y que hablaban un inglés perfecto pero con un acento que nadie lograba identificar. Estos individuos siempre pagaban en efectivo o con oro y, según los locales, sus ojos parecían tener una profundidad antinatural. Estas anécdotas han creado una subcultura de vigilancia. Hay personas que pasan meses acampadas con equipos de visión nocturna y sensores de movimiento, tratando de captar una prueba irrefutable de estos guardianes. Hasta ahora, la montaña ha guardado bien sus secretos, permitiendo solo vislumbres fugaces a quienes ella elige.

El impacto cultural y el turismo espiritual en Mount Shasta City

Bajar de la montaña al pueblo de Mount Shasta City es una experiencia en sí misma. Es uno de los pocos lugares del mundo donde puedes comprar una hamburguesa en un sitio y, justo al lado, adquirir un cristal de cuarzo del tamaño de una sandía garantizado para ‘alinear tus chakras’. La economía local respira gracias al misterio. Hay librerías dedicadas exclusivamente a la canalización de espíritus lemurianos, tiendas de ropa mística y consultorios de todo tipo de terapias alternativas. Pero no te equivoques, no se siente como una trampa para turistas convencional. Hay una sinceridad en el ambiente que es palpable.

El pueblo se ha convertido en un refugio para aquellos que no encajan en la sociedad moderna, para los buscadores de la verdad y para los que han tenido experiencias que en otros lugares les valdrían un diagnóstico psiquiátrico. Aquí, decir que viste un OVNI sobre el Shastina (el pico menor) es tan normal como hablar del tiempo. Este ecosistema cultural ha permitido que la leyenda de Lemuria se mantenga viva y se adapte a los tiempos. La montaña actúa como un ancla para una comunidad global que busca reconectarse con la naturaleza y con dimensiones de la existencia que el materialismo ha descartado. El impacto social es real: el Shasta ha transformado una remota región maderera en un faro de espiritualidad global.

Túneles y pasadizos: la geografía prohibida del interior de la tierra

La idea de una red de túneles no es tan descabellada si consideramos la naturaleza volcánica del terreno. Los tubos de lava son comunes en California, y algunos son lo suficientemente grandes como para albergar infraestructuras. La Cueva de Plutón, al norte de la montaña, es un ejemplo perfecto de cómo estos túneles pueden extenderse por kilómetros bajo la superficie. Sin embargo, los proponentes de la teoría de la Tierra Hueca sugieren que los pasadizos bajo el Shasta van mucho más allá de simples formaciones geológicas naturales.

Se dice que hay entradas ocultas que solo se revelan mediante frecuencias específicas de sonido o en momentos astronómicos precisos. Algunos teóricos de la conspiración incluso vinculan estos túneles con instalaciones militares secretas, sugiriendo una colaboración entre el gobierno y los habitantes de Telos. Aunque esto último suena más a paranoia moderna, lo cierto es que existen áreas de la montaña que están permanentemente cerradas al público por ‘razones de seguridad ambiental’ o ‘peligro de desprendimientos’. Para el buscador de misterios, estas zonas restringidas son como miel para las abejas. ¿Qué hay realmente allí donde no nos dejan pasar? La cartografía del interior del Shasta sigue siendo el mayor desafío para los exploradores urbanos y los cazadores de mitos. Mientras no tengamos un mapa completo del sistema de cuevas, el mito de la ciudad subterránea seguirá teniendo un lugar donde esconderse de la mirada escéptica.

Una reflexión sobre el límite de lo posible

Después de analizar la historia, la geología y los testimonios sobre el monte Shasta, uno se queda con más preguntas que respuestas, y sinceramente, creo que así es como debe ser. En un mundo donde cada centímetro del planeta está mapeado por satélites y cada misterio parece tener una explicación lógica a un clic de distancia, el Shasta se mantiene como un bastión de lo desconocido. No importa si los lemurianos existen físicamente o si Telos es una metáfora de un estado de conciencia superior. Lo que importa es lo que la montaña provoca en nosotros.

El Shasta nos obliga a mirar hacia arriba y a preguntarnos si somos los únicos dueños de esta realidad. Nos recuerda que la Tierra es un organismo vivo, lleno de secretos y de energías que todavía no comprendemos. Ya sea por su magnetismo real, por su belleza sobrecogedora o por la densa capa de historias que los seres humanos hemos tejido a su alrededor, la montaña funciona como un espejo de nuestras propias búsquedas espirituales. Al final del día, el misterio de la ciudad lemuriana dentro de la montaña es un testimonio de nuestra necesidad de creer que hay algo más, algo puro y avanzado, esperando ser descubierto en el corazón de la naturaleza. Y mientras el Shasta siga proyectando su sombra larga sobre el norte de California, seguirá invitándonos a cruzar ese límite oculto entre lo que sabemos y lo que solo nos atrevemos a soñar.

Preguntas frecuentes sobre el monte Shasta

¿Es peligroso visitar el monte Shasta por los fenómenos que se reportan?

Desde un punto de vista místico, la mayoría de los reportes indican que las energías del monte son benevolentes. Sin embargo, geológicamente es un volcán activo y un entorno de alta montaña. El verdadero peligro reside en el clima cambiante, las grietas en los glaciares y la desorientación. Siempre se recomienda ir bien equipado y respetar las rutas marcadas.

¿Existen pruebas fotográficas de la ciudad de Telos?

No existen pruebas fotográficas definitivas de una ciudad en el interior. Lo que sí abunda son fotos de luces inexplicables, nubes con formas geométricas perfectas y sombras inusuales en las laderas. La mayoría de los creyentes afirman que la ciudad existe en una frecuencia vibratoria más alta, lo que la hace invisible para las cámaras convencionales.

¿Qué relación hay entre el monte Shasta y los OVNIs?

El Shasta es considerado uno de los ‘puntos calientes’ de actividad OVNI en el mundo. Muchos investigadores sugieren que la montaña actúa como una base interdimensional o que los vehículos utilizan la energía geomagnética del volcán para recargarse o entrar en portales espaciales.

¿Quiénes fueron los lemurianos originalmente?

En la mitología esotérica, los lemurianos fueron una raza que habitó el continente de Lemuria (o Mu) en el Pacífico. Se les describe como seres altamente espirituales y pacíficos que poseían capacidades psíquicas avanzadas. Según la leyenda, su civilización fue destruida por cataclismos volcánicos, obligándolos a buscar refugio en lugares sagrados como el monte Shasta.