Usted se sienta a cenar el 24 de diciembre. Intercambia regalos el 25. Pone un árbol en su sala. Cree que está celebrando el cumpleaños histórico de Jesús de Nazaret.
Pero si usted pudiera viajar en el tiempo a la Roma del año 274 d.C., vería a la gente haciendo exactamente lo mismo. Pero no celebraban a Jesús; celebraban al Sol Invictus.
Si viajara a la Persia antigua, vería celebrar el nacimiento de Mitra.
Si fuera al norte de Europa, vería a los vikingos celebrando Yule.
¿Es una coincidencia que la mayoría de las grandes religiones y culturas del hemisferio norte eligieran la misma fecha para el nacimiento de su deidad principal?
La respuesta es un rotundo no. No es coincidencia; es Astronomía.
Acompáñeme a descorrer el velo de la tradición para descubrir la maquinaria celeste que dicta nuestras fiestas. Entenderá por qué la Navidad no es propiedad exclusiva del cristianismo, sino la herencia compartida de una humanidad que, desde las cavernas, ha temido a la oscuridad y adorado el regreso de la luz.
El Solsticio de Invierno: La muerte del Sol
Para entender el 25 de diciembre, usted debe olvidar el calendario en su pared y mirar el cielo como lo hacían los antiguos.
Para un observador en el hemisferio norte, a medida que se acerca el invierno, los días se hacen más cortos y fríos. El Sol sale cada día un poco más hacia el sur. Se hunde. Se debilita.
Para una mente antigua, esto era aterrador. ¿Y si el Sol sigue bajando y desaparece para siempre? ¿Y si la oscuridad gana?
El punto crítico llega el 21 de diciembre. Es el Solsticio de Invierno (del latín Solstitium, «Sol detenido»).
En esta fecha, el Sol alcanza su punto más bajo en el horizonte.
Y aquí ocurre el fenómeno astronómico que dio origen a la teología:
Desde el 22 hasta el 24 de diciembre (tres días), el Sol parece detenerse. No se mueve ni al norte ni al sur. Visualmente, está «muerto» en su punto más bajo.
A menudo, este punto bajo ocurre cerca de la constelación de la Cruz del Sur (Crux). Por lo tanto, el Sol «muere en la cruz» durante tres días.
El 25 de Diciembre: La Resurrección
En la mañana del 25 de diciembre, ocurre el milagro. El Sol se mueve un grado hacia el norte.
Los días comienzan a alargarse. La luz ha vencido a la oscuridad. La primavera vendrá. La vida continuará.
El Sol ha «nacido de nuevo» (o resucitado).
Por eso, todas las deidades solares «nacen» el 25 de diciembre. No es una fecha biológica; es una fecha astronómica. Es el cumpleaños de la Luz.
Mitra: El dios que nació de la roca
Siglos antes de Cristo, el culto a Mitra (Mithras) era la religión rival más fuerte del cristianismo en el Imperio Romano, especialmente entre los soldados.
Mitra era un dios solar de origen persa.
- Nació el 25 de diciembre.
- Nació en una cueva o de una roca (petra).
- Tenía 12 compañeros (signos del zodiaco).
- Realizó milagros.
- Se le llamaba «La Luz del Mundo».
El culto a Mitra celebraba el Natalis Invicti (Nacimiento del Inconquistable). Cuando el cristianismo se convirtió en la religión oficial, fue estratégicamente brillante superponer el nacimiento de Cristo sobre el nacimiento de Mitra. La gente no tuvo que cambiar sus fiestas, solo el nombre del dios al que rezaban.
Sol Invictus y Saturnalia
En Roma, la fiesta más grande era Saturnalia (17-23 de diciembre), en honor a Saturno, el dios del tiempo y la agricultura.
Era un carnaval. Se invertían los roles sociales (los amos servían a los esclavos), se cerraban las escuelas, se perdonaban crímenes y, lo más importante, se intercambiaban regalos.
Inmediatamente después, el 25 de diciembre, el emperador Aureliano estableció la fiesta del Sol Invictus en el año 274 d.C.
La Iglesia Católica, incapaz de prohibir estas fiestas populares tan arraigadas, decidió «bautizarlas». En el siglo IV, el Papa Julio I fijó oficialmente el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre.
No hay registro en la Biblia de la fecha. De hecho, los pastores «velando sus rebaños al aire libre» (Lucas 2:8) sugiere primavera, no invierno. La fecha fue una elección política y sincrética.
Yule y el Árbol de Navidad
Si miramos al norte, a los pueblos germánicos y nórdicos, encontramos Yule.
Celebraban el solsticio encendiendo grandes troncos (el tronco de Yule) para ayudar al sol a brillar.
Decoraban árboles de hoja perenne (pinos, abetos) porque eran los únicos que no «morían» en invierno. Simbolizaban la vida eterna.
Colgaban manzanas y sacrificios en las ramas.
Esta es la razón por la que usted pone un árbol en su sala. No tiene nada que ver con Belén; tiene todo que ver con los bosques de Germania y la magia simpática para invocar la primavera.
Horus y Osiris: El prototipo egipcio
A menudo leerá en internet que Horus nació el 25 de diciembre de una virgen (Isis). Esto es parcialmente cierto pero matizable.
Los egipcios celebraban el nacimiento de Horus en el solsticio de invierno. Isis, la madre, era asociada con la constelación de Virgo.
En el templo de Luxor, hay relieves que muestran la anunciación, la concepción inmaculada, el nacimiento y la adoración de Horus por tres reyes (o figuras).
La historia de Jesús sigue el patrón del «Héroe Solar» que ya estaba establecido en Egipto 3000 años antes.
Conclusión: La historia universal de la luz
Saber esto no tiene por qué destruir su Navidad; debería expandirla.
El 25 de diciembre no pertenece a una sola religión. Es la fiesta del planeta Tierra.
Es el momento en que la humanidad, enfrentada al miedo ancestral de la oscuridad y el frío, se reúne para encender fuegos, compartir comida y recordarse mutuamente que la luz siempre regresa.
Ya sea que usted adore a Jesús, a Mitra, al Sol o simplemente a la naturaleza, está participando en el ritual más antiguo de nuestra especie: celebrar que hemos sobrevivido a la noche más larga y que el amanecer ha comenzado.
