Ilustración conceptual que visualiza la inmensa cantidad de boletos perdedores frente al único boleto ganador, representando la dificultad estadística.Una aguja en un pajar del tamaño de Texas: la escala real de la improbabilidad.

Usted pasa por el quiosco. Ve el cartel: «Bote acumulado: 100 Millones de Euros».
Su cerebro empieza a soñar. Se ve en un yate. Se ve renunciando a su trabajo. Se ve comprando una casa para su madre.
Saca la cartera y compra un boleto. «Alguien tiene que ganar, ¿por qué no yo?», piensa.

Ese pensamiento es el triunfo del marketing sobre las matemáticas.

La realidad fría y dura es que la lotería es, estadísticamente, una de las peores inversiones que puede hacer. Los economistas la llaman «El impuesto a los tontos» (o más amablemente, «El impuesto a los que no saben matemáticas»).

Pero, ¿qué tan difícil es realmente? ¿Es imposible?
Acompáñeme a desglosar los números para ver si tiene alguna oportunidad real, o si simplemente está pagando por el derecho a soñar durante unos días.

Los números no mienten (pero duelen)

Tomemos como ejemplo el Powerball de EE.UU. o el Euromillones de Europa.
Para ganar el premio gordo, debe acertar 5 números más un número especial.
La probabilidad de que su combinación sea la ganadora es de 1 entre 292.201.338 (para el Powerball).

Para que entienda lo que significa ese número:

  • Es más probable que le caiga un rayo este año (1 en 1.222.000).
  • Es más probable que muera por el ataque de un tiburón (1 en 3.748.067).
  • Es más probable que tenga cuatrillizos de forma natural (1 en 700.000).
  • Es más probable que sea elegido Papa (si es católico).

Si usted comprara un boleto cada semana, estadísticamente tendría que vivir 5 millones de años para ganar una vez.

La Esperanza Matemática Negativa

En estadística, existe un concepto llamado Esperanza Matemática (EV).
Es la cantidad promedio que usted ganaría o perdería por cada apuesta si jugara infinitas veces.

En la lotería, el EV es siempre negativo.
Por cada euro que usted gasta, recupera en promedio unos 0,50 céntimos (en premios menores). El resto se lo queda el Estado y la organización.
Es un juego diseñado para que la casa siempre gane. Usted no está «invirtiendo»; está donando dinero voluntariamente a cambio de una dosis de dopamina.

El Sesgo de Disponibilidad: ¿Por qué jugamos?

Si es tan difícil, ¿por qué millones de personas juegan?
Por un fallo en nuestro cerebro llamado Sesgo de Disponibilidad.
Usted ve en las noticias a los ganadores. Ve sus caras felices, sus cheques gigantes y sus historias de éxito.
Pero nunca ve a los perdedores.

Si la televisión entrevistara a cada perdedor durante 30 segundos, tendría que emitir programación las 24 horas del día durante 9 años para mostrar a todos los que perdieron en un solo sorteo.
Como solo vemos al ganador, nuestro cerebro asume que ganar es algo que «pasa».

El «Casi Ganador»

Las loterías están diseñadas para explotar otro fallo: el efecto del «casi acierto».
Si usted elige los números 10, 20, 30, 40, 50 y salen el 11, 21, 31, 41, 51, su cerebro le dice: «¡Estuve tan cerca! La próxima vez seguro gano».
Matemáticamente, fallar por un número es lo mismo que fallar por veinte. El azar no tiene memoria ni cercanía. Pero su cerebro libera dopamina ante el «casi», animándole a seguir jugando.

¿Hay alguna forma de ganar?

Sí, pero no es jugando.
La única forma garantizada de ganar dinero con la lotería es no jugar.
Si usted invierte los 20 euros semanales que gasta en lotería en un fondo indexado (S&P 500) con un retorno del 7% anual, en 30 años tendría más de 100.000 euros.
Ese es un premio seguro.

Sin embargo, hubo un caso famoso: Stefan Mandel. Un matemático rumano que ganó la lotería 14 veces.
¿Su truco? No fue suerte. Calculó que en ciertas loterías pequeñas, el coste de comprar todas las combinaciones posibles era menor que el premio mayor.
Compró todos los boletos. Ganó el 100% de las veces.
Hoy, las loterías han cambiado las reglas para que esto sea imposible (demasiadas combinaciones).

Conclusión: El precio de la fantasía

No le voy a decir que no juegue nunca.
Comprar un boleto de lotería es comprar esperanza barata. Por el precio de un café, usted compra el derecho a fantasear durante una semana con que sus problemas desaparecerán.
Psicológicamente, eso tiene valor.

Pero no lo llame plan financiero. No lo llame inversión.
Juegue si le divierte, pero sepa que, matemáticamente, está tirando el dinero a un pozo muy profundo.
La verdadera suerte no es ganar la lotería; es tener la salud y la capacidad para ganar su propio dinero sin depender del azar.