Usted probablemente piensa que la quema de libros por parte del gobierno es algo que solo pasaba en la Edad Media o en la Alemania nazi.
Pero en 1956, en los Estados Unidos de América, agentes federales de la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos) entraron en el laboratorio de un científico, confiscaron toneladas de sus libros y revistas, y los quemaron en un incinerador público en Nueva York.
El hombre al que querían borrar de la historia era Wilhelm Reich.
Reich no era un charlatán cualquiera. Fue uno de los discípulos más brillantes de Sigmund Freud. Pero cometió un pecado imperdonable para la ciencia ortodoxa: afirmó haber descubierto una energía física universal, la energía de la vida misma. La llamó Orgón.
Y no solo la descubrió; construyó máquinas para manipularla. Máquinas para curar el cáncer y, lo más increíble, máquinas para controlar el clima.
Acompáñeme a investigar la historia del Cloudbuster (Rompenubes) y a descubrir si Reich fue un genio incomprendido o un loco peligroso.
El descubrimiento del Orgón
Reich comenzó como psicoanalista. Se dio cuenta de que la salud mental dependía de la capacidad de liberar energía sexual (el orgasmo). Pero Reich fue más allá que Freud. Dijo que la «libido» no era una idea abstracta, sino una energía física real, medible y azulada.
La llamó Energía Orgónica.
Según Reich, el Orgón está en todas partes. En el cuerpo, en la atmósfera, en el vacío.
- El Orgón sano (OR) fluye libremente y crea vida y nubes azules.
- El Orgón mortal (DOR – Deadly Orgone) es energía estancada, gris y tóxica, asociada con la sequía, la contaminación y el cáncer.
El Acumulador de Orgón (ORAC)
Para probar su teoría, Reich construyó cajas llamadas Acumuladores de Orgón.
Eran simples: capas alternas de material orgánico (que absorbe la energía) y metálico (que la repele hacia adentro).
Reich afirmó que sentarse dentro de estas cajas cargaba al cuerpo de energía vital, fortalecía el sistema inmunológico y podía reducir tumores.
Albert Einstein probó uno de estos acumuladores. Confirmó una anomalía térmica (la temperatura dentro era mayor que fuera sin fuente de calor), pero finalmente lo atribuyó a corrientes de convección, decepcionando a Reich.
El Cloudbuster: El cañón de lluvia
En los años 50, Reich observó que la sequía en el desierto de Arizona estaba causada por una acumulación masiva de DOR (Orgón Mortal) en la atmósfera.
Para combatirlo, inventó el Cloudbuster.
El dispositivo parecía una batería antiaérea: una serie de tubos de metal huecos y largos, conectados por cables flexibles a una fuente de agua corriente (un río o un pozo).
El principio era simple: el agua atrae el Orgón. Al apuntar los tubos al cielo, Reich creía que podía «drenar» el Orgón mortal de la atmósfera y canalizarlo hacia el agua, donde se neutralizaba.
Al limpiar el cielo de energía estancada, el flujo natural se restablecía y llovía.
La Operación OROP Desert
En 1953, Reich llevó su máquina al desierto de Tucson, Arizona. Los granjeros estaban desesperados por la sequía.
Reich apuntó sus tubos. Según los testigos y los registros meteorológicos locales, poco después de que Reich comenzara a operar, la humedad subió, se formaron nubes y llovió. Llovió tanto que la hierba volvió a crecer en el desierto.
Reich también afirmó haber usado el Cloudbuster para desviar un huracán en la costa este y para luchar contra OVNIs (a los que consideraba naves impulsadas por energía orgónica hostil).
La persecución y la muerte
El éxito de Reich fue su perdición. La FDA comenzó a investigarlo, no por el clima, sino por los acumuladores médicos. Lo acusaron de vender dispositivos médicos fraudulentos.
Un juez emitió una orden judicial prohibiendo la venta y el transporte de cualquier cosa relacionada con el Orgón.
Cuando un asociado de Reich envió un acumulador a otro estado, violando la orden, Reich fue arrestado.
Fue sentenciado a dos años de prisión federal.
Mientras estaba en la cárcel, la FDA supervisó la destrucción de sus acumuladores y la quema de seis toneladas de sus libros, incluidos títulos clásicos de psicología que no tenían nada que ver con el Orgón.
Wilhelm Reich murió en su celda en 1957, de un ataque al corazón, días antes de su libertad condicional.
Conclusión: ¿Ciencia o Pseudociencia?
Para la ciencia moderna, el Orgón no existe. Es una pseudociencia.
Sin embargo, la violencia de la respuesta del gobierno sugiere que Reich tocó un nervio sensible.
¿Por qué quemar libros en el siglo XX? ¿Por qué encarcelar a un anciano científico?
Quizás Reich estaba equivocado en los detalles, pero correcto en el principio: existe una conexión energética entre la vida biológica y la atmósfera del planeta.
Hoy, mientras enfrentamos un cambio climático catastrófico, la idea de una tecnología capaz de limpiar la atmósfera y restaurar los ciclos de lluvia suena menos a locura y más a una oportunidad perdida.
El Cloudbuster de Reich se oxidó, pero la pregunta sigue en el aire: ¿Podemos curar al cielo curando la energía?
