Imagine que usted tiene en sus manos un libro escrito hace 600 años. El pergamino es suave al tacto, hecho de piel de ternero de alta calidad. La tinta, aunque descolorida por los siglos, muestra una caligrafía elegante, fluida y segura. No hay tachaduras, no hay dudas en el trazo del escriba. Parece un manual científico o médico de la Edad Media. Usted abre una página y ve dibujos de plantas, diagramas astronómicos y mujeres bañándose en extraños tubos interconectados. Todo parece normal hasta que intenta leerlo.
Las letras no pertenecen a ningún alfabeto conocido. Las palabras no se corresponden con ningún idioma humano, vivo o muerto. Usted está ante el Manuscrito Voynich, el objeto más misterioso de la historia de la criptografía.
Usted debe comprender la magnitud de este enigma. No estamos hablando de un código simple que un aficionado pueda romper en una tarde de domingo. Los mejores criptoanalistas del mundo, incluidos los equipos que descifraron el código Enigma de los nazis y los expertos de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos, han intentado leer este libro. Todos han fracasado. Las inteligencias artificiales más avanzadas del siglo XXI han sido alimentadas con sus páginas. El resultado: silencio o alucinaciones estadísticas.
Acompáñeme a la Biblioteca Beinecke de Libros Raros y Manuscritos de la Universidad de Yale, donde este volumen, catalogado como MS 408, descansa en una bóveda climatizada, desafiando nuestra comprensión del pasado.
La anatomía de un misterio
Antes de intentar descifrar el código, usted debe analizar el objeto físico. El Manuscrito Voynich es un octavo pequeño, de unos 23 por 16 centímetros. Contiene 240 páginas de pergamino (vellum), aunque la paginación sugiere que faltan algunas hojas.
Lo primero que usted debe descartar es la idea de que sea una falsificación moderna. La datación por radiocarbono realizada en 2009 por la Universidad de Arizona situó el pergamino con un 95% de certeza entre los años 1404 y 1438. El libro es auténtico, al menos en su materialidad. Fue creado a principios del siglo XV, en pleno Renacimiento temprano.
El contenido visual: Un mundo alucinante
Al hojear el libro, usted notará que está dividido en secciones temáticas claras, aunque su contenido sea incomprensible:
- Herbolario: Es la sección más extensa. Muestra plantas detalladas, pero aquí radica el primer problema: la mayoría de estas plantas no existen. Son quimeras botánicas; raíces de una especie unidas al tallo de otra y coronadas con flores de una tercera. ¿Es un compendio de flora extinta, de plantas de otro continente o de vegetación de otro mundo?
- Astronomía: Contiene diagramas circulares con soles, lunas y estrellas. Usted reconocerá los símbolos del zodiaco, pero las representaciones son extrañas, a menudo rodeadas de mujeres desnudas emergiendo de tubos o sosteniendo estrellas.
- Biología (o Balneología): Esta es quizás la sección más desconcertante. Muestra a decenas de mujeres desnudas, con vientres abultados, bañándose en una red compleja de tubos, piscinas y fluidos verdes. ¿Representa esto un proceso alquímico, un sistema de reproducción humana o un spa medicinal medieval?
- Cosmología: Diagramas geométricos complejos cuya función es totalmente desconocida. Algunos incluyen mapas de islas conectadas por calzadas, pero la geografía no coincide con ningún lugar de la Tierra.
- Farmacéutica: Dibujos de recipientes, tarros de boticario y partes de plantas, sugiriendo la preparación de medicinas.
- Recetas: Párrafos cortos de texto marcados con estrellas en el margen, como si fueran instrucciones paso a paso.
El «Voynichés»: ¿Idioma, código o engaño?
Ahora, centre su atención en el texto. Está escrito de izquierda a derecha, con un margen derecho irregular. El escriba (o escribas, ya que el análisis estadístico sugiere que fueron dos manos diferentes) escribió con fluidez. No hay pausas para pensar. Quien escribió esto, conocía el idioma o estaba copiando algo que entendía perfectamente.
El alfabeto consta de entre 20 y 30 glifos básicos, con algunos caracteres más raros. Los lingüistas llaman a este idioma «Voynichés». Lo fascinante, y lo que usted debe retener, es que el texto cumple con la Ley de Zipf.
La Ley de Zipf es una regla estadística que se aplica a todos los idiomas naturales humanos. Establece que la palabra más frecuente en un idioma aparece el doble de veces que la segunda más frecuente, el triple que la tercera, y así sucesivamente. El galimatías aleatorio no cumple esta ley. Los códigos simples de sustitución tampoco suelen mantener esta estructura tan perfecta. Pero el Voynich sí.
Esto le dice a usted algo crucial: el texto tiene estructura, tiene sintaxis y tiene patrones de un lenguaje natural. No es un simple aporreo de teclas (o plumas). Hay un mensaje ahí. Pero, ¿cuál?
La cadena de custodia: De Rodolfo II a Wilfrid Voynich
Para entender el libro, usted debe rastrear su historia. El manuscrito lleva el nombre de Wilfrid Voynich, un librero de antigüedades polaco-lituano que lo compró en 1912 en el colegio jesuita de Villa Mondragone, en Italia.
Dentro del libro, Voynich encontró una carta fechada en 1665, escrita por Johannes Marcus Marci, médico real de Praga, dirigida a Athanasius Kircher, el famoso erudito jesuita. La carta afirmaba que el libro había pertenecido al emperador Rodolfo II de Habsburgo (1552-1612), un monarca obsesionado con la alquimia y lo oculto. Según la carta, Rodolfo II compró el libro por 600 ducados de oro (una fortuna) creyendo que era obra de Roger Bacon, el famoso fraile y científico del siglo XIII.
Esta conexión histórica es vital. Sitúa al libro en el epicentro de la alquimia europea. Nombres como John Dee (el mago de la reina Isabel I) y Edward Kelley (su médium y scryer) aparecen como posibles dueños anteriores que vendieron el libro al emperador.
Las teorías principales: Elija su verdad
Usted se enfrenta ahora a las hipótesis que intentan explicar este objeto imposible. Analícelas con escepticismo y mente abierta.
1. El cifrado indescifrable
La teoría clásica es que el texto es información significativa cifrada para proteger secretos poderosos (alquimia, herejía religiosa o medicina prohibida). Sin embargo, los cifrados medievales eran vulnerables. Si fuera un código de sustitución, ya lo habríamos roto. Si es un código polialfabético complejo, sería anacrónico para el siglo XV. Además, ¿por qué cifrar un libro entero de 240 páginas? El esfuerzo sería titánico.
2. Un lenguaje construido (A priori)
¿Y si no es un código, sino un idioma artificial? En la historia ha habido intentos de crear «lenguajes filosóficos» perfectos. El Voynich podría ser un intento temprano de crear una lengua universal o lógica. Esto explicaría la regularidad estadística y la extrañeza de las palabras.
3. El engaño elaborado (Hoax)
Usted debe considerar la posibilidad de que sea una estafa. Algunos teóricos apuntan a Edward Kelley, el socio de John Dee, conocido falsificador. ¿Pudo Kelley haber creado un libro sin sentido, usando un «lenguaje de los ángeles» (Enoquiano) o simplemente glosolalia escrita, para estafar al rico emperador Rodolfo II? Si es un engaño, es el más sofisticado de la historia, ya que engañar a la Ley de Zipf antes de que se descubriera la estadística lingüística es casi imposible.
4. La teoría del Nuevo Mundo
Una hipótesis reciente y fascinante sugiere que el manuscrito es de origen azteca o novohispano. Algunos botánicos han identificado plantas en el libro que parecen ser especies americanas (como el girasol o el chile), desconocidas en Europa antes de Colón. ¿Podría ser un texto escrito en una lengua náhuatl o un dialecto extinto, transcrito con un alfabeto fonético inventado por misioneros o indígenas educados? Esto explicaría por qué los criptógrafos europeos no pueden leerlo: están buscando latín o alemán, no náhuatl.
5. Micrografía y Esteganografía
Investigadores más audaces sugieren que el mensaje no está en las letras, sino dentro de ellas. El uso de lupas revela detalles minúsculos en los trazos. ¿Es posible que el texto visible sea solo un señuelo y el verdadero mensaje esté oculto mediante esteganografía?
La intervención de la Inteligencia Artificial
En la última década, usted ha sido testigo de la explosión de la IA. Naturalmente, se ha aplicado al Voynich. En 2018, un equipo de la Universidad de Alberta afirmó que su IA había identificado el idioma base como hebreo cifrado, con las letras reordenadas en cada palabra. Otros análisis computacionales sugieren similitudes con lenguas romances o incluso con el chino (por la estructura tonal).
Sin embargo, ninguna IA ha logrado producir una traducción coherente. Pueden traducir palabras sueltas («tauro», «fuego», «aire»), pero las oraciones completas siguen siendo un sinsentido gramatical. La máquina ve patrones, pero no entiende el significado.
¿Por qué nos obsesiona?
Usted debe preguntarse por qué este libro nos molesta tanto. La respuesta es simple: el Manuscrito Voynich es una afrenta a nuestro ego moderno. Vivimos en la era de la información, donde creemos que podemos acceder a todo el conocimiento humano con un clic. Hemos descifrado el genoma, hemos leído los jeroglíficos egipcios y la escritura lineal B.
Pero este pequeño libro de piel de ternero nos dice «no». Nos recuerda que hay conocimientos que se han perdido, que hay puertas que se han cerrado.
Conclusión: El espejo de nuestra ignorancia
El Manuscrito Voynich funciona como un test de Rorschach. El botánico ve plantas, el astrónomo ve estrellas, el lingüista ve gramática y el loco ve extraterrestres. El libro refleja lo que usted quiere ver en él, pero no entrega su verdad.
Quizás algún día, usted o alguien con una nueva perspectiva, encuentre la «Piedra Rosetta» que desbloquee este texto. Podría ser un manual de salud femenina medieval, un tratado de alquimia espiritual o simplemente el diario de un loco genial. Hasta entonces, el MS 408 seguirá durmiendo en la bóveda de Yale, siendo el único libro en el mundo que no se puede leer, solo admirar.
La próxima vez que crea que lo sabemos todo sobre el pasado, recuerde las páginas del Voynich y acepte con humildad que la historia aún guarda sus mejores secretos bajo llave.
