El origen accidental de un mito moderno en los foros de internet
Corría el año 2009 en los recovecos del foro Something Awful. Lo que comenzó como un simple desafío de edición fotográfica —insertar entidades sobrenaturales en imágenes cotidianas— terminó gestando la criatura más icónica del siglo XXI. Eric Knudsen, bajo el seudónimo de Victor Surge, subió dos fotos en blanco y negro de niños con una figura alta, delgada y sin rostro acechando en el fondo. No sabía que estaba liberando un virus semiótico que no solo infectaría la cultura digital, sino que saltaría las barreras de la ficción para derramar sangre real en el mundo físico.
A diferencia de los monstruos clásicos como Drácula o el hombre lobo, que tienen raíces en el folclore de siglos de antigüedad, Slender Man nació en una tarde de ocio digital. Sin embargo, su crecimiento no fue lineal, sino exponencial. La comunidad del foro no solo consumió la imagen, sino que empezó a construir un canon colectivo. Este es el primer punto de ruptura con el terror tradicional: la autoría desapareció casi de inmediato. Miles de personas añadieron sus propios relatos, avistamientos ficticios y grabaciones granuladas, creando una realidad alternativa tan densa que, para mentes jóvenes o vulnerables, la distinción entre el ‘píxel’ y el ‘átomo’ comenzó a difuminarse peligrosamente.
Es fascinante y a la vez aterrador observar cómo una construcción puramente estética pudo adquirir tal tracción. No había un libro sagrado ni una película original; solo había fragmentos de información dispersos por la red. Esta fragmentación obligaba al espectador a completar los huecos con sus propios miedos. Slender Man no era un personaje definido, sino un espejo oscuro donde cada usuario proyectaba sus ansiedades sobre la vigilancia, el acecho y lo desconocido. En este caldo de cultivo, la idea de que algo ‘podía ser real’ empezó a germinar en los rincones más profundos de la psique colectiva.
La estética del vacío: por qué nos aterra una cara sin rasgos
El diseño de Slender Man es una obra maestra del horror minimalista. Un hombre extremadamente alto, vestido con un traje negro impecable y, lo más perturbador de todo, un rostro completamente liso. La ausencia de rasgos faciales es un gatillo psicológico potente. Los seres humanos estamos programados biológicamente para buscar rostros, para leer intenciones a través de los ojos y la boca. Cuando nos enfrentamos a un vacío donde debería haber una expresión, nuestro cerebro entra en un estado de alerta máxima o ‘valle inquietante’ (uncanny valley).
El traje añade una capa de disonancia cognitiva. La formalidad suele asociarse con el orden, la autoridad o el protocolo social. Ver esa vestimenta en una entidad que habita en bosques oscuros y que se mueve de forma errática genera una sensación de peligro civilizado. Es el depredador que se disfraza de lo cotidiano. Además, sus extremidades alargadas y sus supuestos tentáculos evocan un miedo ancestral a lo aracnoideo o a las deformidades físicas que sugieren algo que no es humano, pero que intenta imitar nuestra forma.
Desde una perspectiva técnica, el vacío de su cara permite que el monstruo sea omnipresente. Al no tener una identidad fija, Slender Man puede estar en cualquier lugar. No es un individuo, es un concepto. Esta falta de rasgos facilitó su viralización; cualquier sombra alargada o cualquier figura borrosa en una foto podía interpretarse como él. El miedo dejó de ser algo externo para convertirse en una interpretación constante del entorno. La realidad misma se volvió sospechosa.
Marble Hornets y el nacimiento del horror transmedia
Si Victor Surge fue el padre biológico de Slender Man, la serie web Marble Hornets fue su tutor legal. Iniciada por Troy Wagner y Joseph DeLage, esta serie de YouTube introdujo el formato de ‘metraje encontrado’ (found footage) al mito. A través de entradas de video cortas y distorsionadas, la audiencia seguía a Jay en su búsqueda de un amigo desaparecido. Aquí es donde Slender Man —llamado ‘The Operator’ en la serie— adquirió sus habilidades más modernas: la capacidad de causar interferencias electrónicas y el poder de fragmentar la memoria de sus víctimas.
Marble Hornets transformó la experiencia de lectura en una experiencia de participación activa. Los espectadores analizaban cada fotograma, buscaban mensajes ocultos en el audio y discutían teorías en foros como si el misterio fuera real. Esta interacción rompió la ‘cuarta pared’. Ya no estabas viendo una película de terror sentado de forma segura en tu sofá; estabas participando en una investigación digital sobre un fenómeno que, supuestamente, también podía alcanzarte a ti a través de la pantalla. La ficción se volvió líquida.
El éxito de esta serie generó una explosión de contenido derivado: EverymanHYBRID, TribeTwelve y una infinidad de juegos independientes como ‘Slender: The Eight Pages’. La clave aquí no es la calidad técnica, que a menudo era precaria, sino la atmósfera de autenticidad. La baja resolución, el ruido digital y la sensación de que cualquiera con una cámara podía encontrarse con el monstruo, alimentaron la creencia de que la frontera entre el mundo digital y el bosque detrás de tu casa era inexistente.
La psicología del desarrollo y la delgada línea entre juego y creencia
Para entender cómo este mito pudo provocar actos de violencia real, debemos mirar hacia la psicología infantil y adolescente. Durante estas etapas, el cerebro todavía está desarrollando la capacidad de distinguir plenamente entre la fantasía persistente y la realidad objetiva, especialmente cuando la fantasía es validada por un entorno social (en este caso, internet). Para un niño de 12 años, la validación de miles de personas en un foro puede pesar más que la lógica de los adultos.
El fenómeno del ‘juego de rol’ llevado al extremo es un factor determinante. Muchos adolescentes encuentran en las creepypastas un sentido de pertenencia. No es solo leer una historia; es ser parte de un culto secreto. La figura de Slender Man ofrecía una escape de la realidad cotidiana, un mundo de misterio y peligro que parecía más vibrante que la escuela o los problemas familiares. Sin embargo, cuando esa inmersión no tiene supervisión, la narrativa puede empezar a dictar comportamientos reales.
La mente joven es una esponja para el simbolismo. Slender Man se convirtió en una figura de autoridad oscura, un ‘protector’ o un ‘verdugo’ que exigía pruebas de lealtad. Esta estructura mental es peligrosamente similar a la de las sectas destructivas, con la diferencia de que el líder no es una persona de carne y hueso, sino un algoritmo de contenido de terror que se retroalimenta constantemente. La desensibilización ante el horror digital termina por anestesiar el juicio moral en el mundo físico.
El sacrificio en el bosque: la tragedia real de Waukesha
El 31 de mayo de 2014, la ficción y la realidad chocaron de la forma más brutal imaginable. En Waukesha, Wisconsin, dos niñas de 12 años, Anissa Weier y Morgan Geyser, atrajeron a su mejor amiga Payton Leutner a un parque local después de una fiesta de pijamas. Allí, en un área boscosa que recordaba a los escenarios de las creepypastas, la apuñalaron 19 veces. Su objetivo, según declararon más tarde, era convertirse en ‘proxies’ (servidores) de Slender Man para demostrar su lealtad y evitar que él lastimara a sus familias.
Este evento dejó al mundo en estado de shock. No fue un acto de maldad pura en el sentido tradicional, sino una manifestación psicótica inducida por una mitología digital. Las niñas creían genuinamente que si cometían este asesinato, Slender Man las llevaría a vivir con él en su mansión en el bosque. Payton, milagrosamente, sobrevivió tras arrastrarse hasta una carretera donde fue encontrada por un ciclista, pero las cicatrices —físicas y sociales— permanecen como un recordatorio de que las ideas tienen consecuencias.
Lo que hace que este caso sea único es la total convicción de las agresoras. No hubo dudas ni remordimientos inmediatos; había una misión. Durante los interrogatorios, hablaban de Slender Man como si fuera un vecino o un pariente, alguien cuya existencia era indiscutible. La tragedia de Waukesha no fue un incidente aislado de violencia juvenil, sino el primer ‘sacrificio’ documentado a un dios nacido en un foro de internet. Fue el momento en que la sociedad tuvo que aceptar que el contenido digital puede ser un arma de manipulación mental masiva.
Morgan Geyser y Anissa Weier: un estudio de la obsesión compartida
El análisis de las dos atacantes revela una dinámica de ‘folie à deux’ o trastorno psicótico compartido. Morgan Geyser, según los diagnósticos posteriores, padecía una esquizofrenia de inicio temprano no detectada. Para ella, las alucinaciones eran parte de su vida diaria; veía a Slender Man, pero también a personajes de Harry Potter o Bambi. Sin embargo, Slender Man era el único que exigía sangre. Morgan era la ‘visionaria’ del dúo, la que proporcionaba la base ‘mística’ del plan.
Anissa Weier, por su parte, no parecía sufrir de una enfermedad mental tan severa como la de Morgan, pero era una niña solitaria y altamente influenciable. Para ella, la amistad con Morgan y su inmersión en el mundo de Slender Man eran su única conexión social fuerte. Ella aportó la lógica fría y la planificación necesaria para llevar a cabo el ataque. Juntas, formaron un circuito cerrado donde la locura de una alimentaba la necesidad de aceptación de la otra, validando el mito hasta que se volvió una verdad absoluta.
Este caso pone de relieve cómo el entorno digital puede actuar como una cámara de eco para la patología mental. En lugar de encontrar ayuda o perspectivas que desafiaran sus delirios, las niñas encontraron en internet un sinfín de ‘pruebas’ que confirmaban sus miedos. Los foros de creepypastas se convirtieron en su única fuente de verdad, aislándolas de la realidad racional de sus padres y profesores. La obsesión compartida no solo las llevó al bosque, sino que las mantuvo prisioneras de una narrativa de la que no podían escapar por sí solas.
El concepto del tulpa: cuando el pensamiento se hace carne
Dentro de los círculos más esotéricos de internet, empezó a circular una explicación para la ‘manifestación’ de Slender Man: la teoría del Tulpa. Originado en el budismo tibetano y adaptado por el ocultismo occidental del siglo XX, un tulpa es una entidad o forma de pensamiento que adquiere una existencia física o cuasi-física a través de la concentración mental intensa y prolongada. Según esta creencia, si suficientes personas creen en algo y proyectan su energía hacia esa idea, la idea cobra vida.
Desde esta perspectiva, Slender Man no sería solo una imagen de Photoshop, sino un ‘egregor’ digital. La atención masiva de millones de usuarios alrededor del mundo habría actuado como un ritual de invocación global. Al pensar en él, escribir sobre él y, sobre todo, al temerle, la humanidad habría ‘alimentado’ a la criatura hasta darle una forma de existencia en nuestro plano. Es una idea que roza la metafísica y que resulta extremadamente atractiva para quienes buscan explicaciones más allá de la psicología tradicional.
Aunque suena a ciencia ficción, el concepto del tulpa sirve como una analogía poderosa de cómo funcionan los memes en la era de la información. Un meme no es solo una broma; es una unidad de información cultural que se replica y muta. Cuando un meme de terror se vuelve tan potente que altera el comportamiento humano —llevando a personas a cometer actos reales—, se puede decir que, funcionalmente, ha cobrado vida. Slender Man es el tulpa de la era del silicio, una sombra proyectada por la mente colectiva que ha aprendido a caminar entre nosotros.
Egregores digitales y la energía de la atención masiva
Profundizando en la idea del tulpa, encontramos el concepto de ‘egregor’. En la tradición ocultista, un egregor es una ‘mente grupal’, una entidad psíquica autónoma que se forma a partir de los pensamientos y deseos de un colectivo. La diferencia con un tulpa es que el egregor depende de la comunidad. En el caso de Slender Man, internet proporcionó el primer ecosistema en la historia de la humanidad capaz de sostener un egregor de escala global con una intensidad constante de 24 horas al día.
La atención es la moneda del siglo XXI, pero también es una forma de energía. Cada vez que alguien hace clic en un video de Marble Hornets, cada vez que un niño se queda despierto con miedo revisando debajo de su cama, esa energía fluye hacia la figura de Slender Man. Los escépticos dirán que es simple sugestión, pero la sugestión colectiva ha sido la base de religiones, revoluciones y movimientos sociales a lo largo de la historia. Si un número suficiente de personas actúa ‘como si’ algo fuera real, para todos los efectos prácticos, lo es.
El peligro de los egregores digitales es su falta de control. A diferencia de las deidades de las religiones organizadas, que tienen sacerdotes y dogmas que limitan su interpretación, Slender Man es un dios anárquico. Cualquier persona puede añadirle atributos, hacerlo más violento o más omnipresente. Es una forma de pensamiento que evoluciona por selección natural: las versiones más aterradoras y pegajosas del mito son las que sobreviven y se propagan, haciendo que la entidad sea cada vez más peligrosa para la estabilidad psíquica de quienes se obsesionan con ella.
La enfermedad de Slender Man: síntomas reales de un miedo ficticio
Un aspecto inquietante de esta leyenda es la descripción de la ‘Slender Sickness’ (la enfermedad de Slender). Según el mito, quienes son acechados por la entidad comienzan a sufrir síntomas físicos: tos persistente (a veces con sangre), náuseas, paranoia extrema, hemorragias nasales y lagunas mentales. Lo sorprendente es que miles de internautas empezaron a reportar estos síntomas en la vida real tras consumir contenido de la creepypasta.
Este es un ejemplo clásico de trastorno psicogénico de masas o somatización. El miedo es una respuesta fisiológica; libera cortisol y adrenalina, afecta el sistema inmunológico y puede provocar síntomas físicos reales. Al convencerse de que estaban siendo observados por Slender Man, muchos jóvenes entraron en un estado de estrés crónico que se manifestó en sus cuerpos. La ficción no solo afectaba sus mentes, sino que estaba alterando su bioquímica.
La ‘enfermedad’ servía como una prueba de validación dentro de la comunidad. Si tenías tos, es que estabas ‘marcado’. Esto creaba un ciclo de retroalimentación: el síntoma físico (causado por la ansiedad) confirmaba la existencia del monstruo, lo que a su vez aumentaba la ansiedad y empeoraba el síntoma. Aquí vemos cómo un constructo digital puede ‘hackear’ el sistema nervioso humano, demostrando que la barrera entre el software mental (creencias) y el hardware biológico (cuerpo) es mucho más porosa de lo que nos gusta admitir.
Del folclore oral al algoritmo: la evolución del hombre del saco
Slender Man no es algo radicalmente nuevo; es la evolución tecnológica del ‘Hombre del Saco’ (Bogeyman). A lo largo de la historia, todas las culturas han tenido figuras altas y oscuras que secuestran niños: el ‘Hahnee’ en algunas tribus americanas, el ‘Krampus’ en Europa central o ‘El Coco’ en el mundo hispano. Estos mitos cumplían una función social: asustar a los niños para que no se alejaran de la seguridad de la tribu o el hogar.
Sin embargo, Slender Man representa un cambio fundamental en cómo se transmiten estas historias. Antes, el folclore era geográfico y generacional; se pasaba de padres a hijos en una región específica. Ahora, el folclore es algorítmico. Slender Man no pertenece a un bosque en particular, pertenece a los servidores de YouTube y Reddit. Su propagación no depende de la tradición, sino del engagement y de la velocidad de la red. Es un folclore sin fronteras que se adapta instantáneamente a cualquier cultura.
Esta globalización del mito lo hace más difícil de combatir. No puedes ‘dejar de contar la historia’ para que muera, porque siempre habrá alguien en otra parte del mundo subiendo un nuevo video o creando un nuevo hilo de discusión. Slender Man es el primer monstruo que vive en la ‘nube’, una entidad persistente que no necesita el descanso de los libros cerrados. Es un depredador diseñado para el ecosistema de la atención infinita, lo que lo convierte en una sombra mucho más larga y duradera que la de sus predecesores folclóricos.
La responsabilidad ética en las comunidades de ficción de terror
Tras el incidente de Waukesha, el debate se centró en la responsabilidad. ¿Son culpables los creadores de estas historias? ¿Debería existir una censura en sitios como Creepypasta.com o Reddit? La respuesta es compleja. Por un lado, la ficción de terror siempre ha explorado temas oscuros y violentos sin que eso signifique que los autores deseen que sus historias se vuelvan realidad. Por otro lado, la forma en que el contenido se presenta en internet a menudo borra las advertencias de ‘esto es ficción’.
Muchos sitios web de creepypastas mantienen la regla de ‘actuar como si todo fuera real’ en las secciones de comentarios. Esto ayuda a la inmersión, pero para un niño de diez años que no entiende el concepto de suspensión de la incredulidad, puede ser devastador. La comunidad se vio obligada a reflexionar sobre sus normas. Tras el apuñalamiento, los administradores de los sitios más importantes publicaron comunicados desvinculándose de la violencia, pero el estigma ya estaba ahí.
La responsabilidad no recae solo en el creador individual, sino en la arquitectura de las plataformas. Los algoritmos de recomendación no tienen moral; solo buscan tiempo de visualización. Si un niño empieza a ver videos de terror, el algoritmo le ofrecerá contenido cada vez más extremo para mantenerlo enganchado. La ética en la era digital debe contemplar cómo protegemos a las mentes vulnerables de espirales de obsesión que, aunque nacen en la ficción, tienen un impacto tangible en su salud mental y en la seguridad de los demás.
El pánico moral y la reacción de las instituciones educativas
Como era de esperar, el caso de Slender Man desató un pánico moral similar al que sufrieron los juegos de rol en los 80 o la música metal en los 90. Escuelas en Estados Unidos y Europa empezaron a prohibir cualquier mención a la criatura. Se enviaron circulares a los padres advirtiendo sobre los peligros de las ‘creepypastas’ y se instó a vigilar el historial de navegación de los menores de forma estricta.
Este pánico, aunque basado en una tragedia real, a menudo fue contraproducente. Al convertir a Slender Man en un fruto prohibido, las autoridades solo aumentaron su atractivo para los adolescentes rebeldes. El monstruo pasó de ser un meme de terror a un símbolo de la subcultura que los adultos no entendían. La desconexión generacional se hizo evidente: mientras los padres veían un dibujo malvado, los jóvenes veían un lenguaje propio que les daba identidad.
La lección que las instituciones aprendieron —o deberían haber aprendido— es que no se puede prohibir un mito digital. La solución no es el bloqueo, sino la alfabetización mediática. Enseñar a los niños a desglosar las narrativas, a entender cómo se construyen los efectos especiales y a diferenciar la ficción colaborativa de la realidad es mucho más efectivo que cualquier filtro de contenido. El pánico moral solo alimenta la sombra; la educación es la única que puede encender una luz sobre ella.
Conspiraciones y experimentos sociales: ¿un test de manipulación de masas?
En el ámbito de las teorías conspirativas, hay quienes van más allá de la psicología y proponen que Slender Man fue, en realidad, un experimento social a gran escala o incluso una operación de guerra psicológica (PSYOPS). La idea sugiere que agencias de inteligencia o grupos de poder podrían haber utilizado la creación de este mito para probar qué tan fácil es manipular la percepción de la realidad en la población joven utilizando herramientas digitales.
Se argumenta que la rapidez con la que Slender Man se convirtió en un ‘hecho’ para tantas personas es una prueba de concepto para la creación de realidades artificiales. Si puedes convencer a miles de niños de que un hombre sin rostro vive en el bosque, ¿qué más podrías convencer a la población de que crea? Esta teoría conecta con experimentos históricos como el MKUltra, sugiriendo que internet es el nuevo laboratorio de control mental, donde el sujeto de prueba es el usuario desprevenido.
Aunque no hay pruebas directas de que Slender Man fuera una creación de la CIA o una entidad similar, el fenómeno sí funciona como un experimento social involuntario. Nos ha mostrado la fragilidad de nuestra verdad compartida. En un mundo de ‘fake news’ y ‘deepfakes’, el caso de Slender Man es el canario en la mina de carbón. Nos advierte que estamos entrando en una era donde las fronteras de la realidad son maleables y donde un mito bien construido puede tener más poder que la evidencia física.
El legado de la sombra: cómo Slender Man cambió la cultura de internet
Slender Man marcó el fin de la ‘inocencia’ de las creepypastas. Antes de 2014, el terror en internet era visto como un hobby inofensivo para entusiastas de lo paranormal. Después de Waukesha, la percepción cambió radicalmente. La cultura se volvió más cínica y consciente de los peligros del fanatismo digital. El mito de Slender Man se ‘quemó’ debido a la sobreexposición mediática y a la tragedia asociada a él, pero su sombra sigue presente en cada nueva leyenda urbana digital.
Hoy vemos ecos de Slender Man en fenómenos como ‘The Backrooms’, ‘Siren Head’ o el ‘Skibidi Toilet’ (aunque este último sea humorístico, comparte la misma lógica de propagación viral). La diferencia es que ahora somos más rápidos en identificar estos patrones. Sin embargo, la estructura de ‘folclore colaborativo’ que Slender Man perfeccionó es ahora el estándar para cualquier narrativa de éxito en la red. Él fue el plano sobre el que se construyeron las nuevas pesadillas.
El legado más duradero de Slender Man es la demostración de que internet no es un mundo aparte. Lo que sucede en los servidores tiene repercusiones en las calles, en los hospitales y en las cárceles. La criatura sin rostro nos recordó que el miedo es real, incluso si su origen es un archivo .jpg de 400 kilobytes. Slender Man ya no acecha en los bosques de Wisconsin tanto como acecha en nuestro entendimiento de lo que significa ser humano en una era de conectividad total y soledad profunda.
El juicio que puso a prueba la influencia de la ficción digital
El proceso legal contra Morgan Geyser y Anissa Weier fue un hito jurídico. Se planteó una pregunta fundamental: ¿pueden dos niñas de 12 años ser juzgadas como adultas cuando su crimen fue motivado por un delirio inducido por contenido ficticio? La defensa argumentó que estaban bajo el influjo de una ‘enfermedad mental’ y que su comprensión de la realidad estaba tan distorsionada que no podían ser consideradas plenamente responsables en el sentido penal tradicional.
El juicio fue una pasarela de psiquiatras, expertos en cultura digital y testimonios desgarradores. Finalmente, ambas fueron declaradas no culpables por razones de enfermedad o defecto mental, pero sentenciadas a décadas en instituciones psiquiátricas estatales. Este veredicto reconoció que la mente de las niñas estaba, efectivamente, ‘secuestrada’ por la narrativa de Slender Man. Fue una admisión legal de que la ficción puede ser una fuerza tan coercitiva como una amenaza física real.
Este caso sentó un precedente sobre cómo la ley debe tratar los delitos influenciados por subculturas de internet. También puso el foco en la necesidad de mejores servicios de salud mental para jóvenes que pasan gran parte de su tiempo en entornos digitales no regulados. El juicio no solo cerró un capítulo trágico, sino que abrió un debate sobre la protección de la infancia frente a los abismos de la red que aún hoy, años después, sigue sin resolverse completamente.
Reflexiones finales sobre la manifestación del miedo
Al analizar la trayectoria de Slender Man, desde un foro de edición fotográfica hasta un intento de homicidio real, nos enfrentamos a una verdad incómoda: nuestra realidad es mucho más frágil de lo que admitimos. Vivimos en un entramado de historias que nos contamos a nosotros mismos para dar sentido al caos. Cuando esas historias se vuelven oscuras y se comparten con la intensidad que permite la tecnología moderna, pueden llegar a perforar la membrana que separa el pensamiento de la acción.
Slender Man no existe, y sin embargo, sus efectos son innegables. Hay una niña que casi pierde la vida, dos jóvenes que perdieron su libertad y una cultura entera que perdió su ingenuidad. Esto nos obliga a mirar con otros ojos lo que consumimos en nuestras pantallas. No se trata de caer en el pánico moral o de censurar la creatividad, sino de entender que en el vasto bosque de internet, las sombras tienen la capacidad de volverse sólidas si les damos suficiente atención.
Quizás la verdadera conspiración no sea un grupo secreto planeando el control mental, sino nuestra propia propensión biológica a dejarnos seducir por el misterio y el terror. Slender Man es el recordatorio perfecto de que los monstruos más peligrosos no son los que tienen colmillos y garras, sino aquellos que no tienen rostro, porque en ese vacío, somos nosotros quienes ponemos el horror. Mientras sigamos mirando hacia la oscuridad digital con la misma fascinación mórbida, seguiremos alimentando a las criaturas que, tarde o temprano, intentarán cruzar el umbral hacia nuestro mundo.
Preguntas frecuentes
¿Quién creó realmente a Slender Man?
Slender Man fue creado por Eric Knudsen, conocido en internet como ‘Victor Surge’, en junio de 2009. Lo hizo para un concurso de edición fotográfica en el foro Something Awful, donde debía transformar fotos normales en imágenes aterradoras o paranormales.
¿Qué pasó con las niñas del caso de Waukesha?
Morgan Geyser y Anissa Weier fueron sentenciadas a instituciones psiquiátricas. Anissa fue liberada bajo supervisión condicional en 2021 tras cumplir siete años, mientras que Morgan permanece internada debido a la gravedad de su diagnóstico de esquizofrenia.
¿Es Slender Man un ser mitológico antiguo?
No. Aunque su diseño toma elementos de figuras folclóricas antiguas como el hombre del saco o el ‘Der Großmann’ alemán, Slender Man es una creación puramente moderna y digital del siglo XXI. No existen registros de él previos a 2009.
¿Qué es un ‘proxy’ en el contexto de Slender Man?
En el lore de la creepypasta, un ‘proxy’ es un ser humano que ha caído bajo el control de Slender Man y actúa en su nombre. Los proxies realizan tareas que la entidad no puede o no quiere hacer directamente, como el acecho físico o el asesinato.
