El logo de la Comisión Trilateral (un nudo de tres alas que forman un triángulo) superpuesto sobre un mapa del mundo, conectando Norteamérica, Europa y Japón, simbolizando su esfera de influencia.Norteamérica, Europa y Japón: los tres pilares sobre los que la élite planeó construir un nuevo orden económico internacional.

Le invito a examinar una de las organizaciones más discretas, pero a la vez más influyentes, en la arquitectura del poder global. No tiene los rituales arcanos de los masones ni el secretismo absoluto de Bilderberg, pero su impacto en la política y la economía mundial durante los últimos 50 años ha sido, posiblemente, aún más profundo. Nos referimos a la Comisión Trilateral.

Fundada en 1973 por el banquero globalista David Rockefeller y el estratega geopolítico Zbigniew Brzezinski, la Comisión Trilateral se presentó al mundo como un simple «grupo de discusión» no gubernamental. Su propósito declarado: fomentar una cooperación más estrecha entre las tres principales regiones económicas del mundo: Norteamérica, Europa Occidental y Japón. Un objetivo aparentemente noble en un mundo cada vez más interdependiente.

Pero para los críticos que han observado su ascenso, la Trilateral es algo muy diferente. Es el brazo ejecutivo del globalismo, el «politburó» de la élite que traduce las agendas abstractas de grupos como Bilderberg en políticas concretas. Es, según ellos, el principal motor en la creación de un gobierno mundial tecnocrático, un nuevo orden económico internacional gestionado no por políticos electos, sino por una élite de «expertos» corporativos y financieros.

Hoy, vamos a analizar la historia, la ideología y la influencia de esta poderosa y sigilosa organización. ¿Es un simple think tank o el verdadero arquitecto del mundo globalizado en el que vivimos?

El origen: «Entre dos eras» y la necesidad de un nuevo orden

Para entender por qué se creó la Comisión Trilateral, debemos entender la mentalidad de sus fundadores en la década de 1970. El mundo estaba en crisis. El sistema de Bretton Woods, que había regido la economía de la posguerra, se había derrumbado. La Guerra de Vietnam había fracturado a Estados Unidos. La crisis del petróleo de 1973 amenazaba con paralizar la economía industrial.

En este contexto, Zbigniew Brzezinski, un profesor de Columbia y futuro Asesor de Seguridad Nacional del presidente Carter, escribió un libro influyente en 1970 titulado «Entre dos eras: el papel de América en la era tecnotrónica». En él, Brzezinski argumentaba que el mundo estaba entrando en una nueva era, la «era tecnotrónica», donde la tecnología y la electrónica estaban creando una sociedad global interconectada.

Argumentaba que el concepto de soberanía nacional se estaba volviendo obsoleto y que se necesitaba una nueva estructura de gobernanza global para gestionar esta nueva realidad. Esta nueva estructura, según Brzezinski, debía ser liderada por una alianza de las naciones más avanzadas: Norteamérica, Europa Occidental y Japón.

David Rockefeller, el patriarca de la dinastía Rockefeller y presidente del Chase Manhattan Bank, leyó el libro de Brzezinski y vio la oportunidad de poner estas ideas en práctica. Juntos, concibieron la Comisión Trilateral como el vehículo para reunir a la élite de estas tres regiones y forjar una agenda común.

La membresía: un gobierno en la sombra en espera

La membresía de la Trilateral es por invitación y está limitada a unas 400 personas. Al igual que Bilderberg, es un «quién es quién» del poder. Sin embargo, a diferencia de Bilderberg, que se centra en los que ya están en la cima del poder, la Trilateral ha sido históricamente un campo de reclutamiento para futuros líderes.

El ejemplo más famoso es Jimmy Carter. En 1973, Carter era un gobernador relativamente desconocido de Georgia. Brzezinski lo invitó a unirse a la Comisión Trilateral. Tres años después, en 1976, con el apoyo masivo de los medios de comunicación y las finanzas controladas por miembros de la Trilateral, Carter fue elegido presidente de los Estados Unidos.

Una vez en el cargo, Carter llenó su administración con miembros de la Comisión Trilateral. Nombró a su mentor, Zbigniew Brzezinski, como Asesor de Seguridad Nacional. Su Vicepresidente, Walter Mondale, su Secretario de Estado, Cyrus Vance, su Secretario de Defensa, Harold Brown, y su Secretario del Tesoro, W. Michael Blumenthal, eran todos miembros de la Trilateral. Fue, en efecto, una toma de poder de la Casa Blanca por parte de la Comisión. Este patrón se ha repetido en menor medida en administraciones posteriores, tanto demócratas como republicanas.

La «pistola humeante»: el informe sobre «La Crisis de la Democracia»

Si hay un documento que revela la verdadera ideología antidemocrática de la Comisión Trilateral, es su infame informe de 1975 titulado «La Crisis de la Democracia».

El informe, escrito por Samuel P. Huntington (EE.UU.), Michel Crozier (Europa) y Joji Watanuki (Japón), argumentaba que los problemas que enfrentaban las naciones industrializadas en la década de 1970 (protestas, malestar social, ingobernabilidad) no se debían a un fallo del gobierno, sino a un «exceso de democracia».

Las conclusiones del informe son escalofriantes:

  • El problema es la participación: Argumentaba que en los años 60, grupos previamente marginados (jóvenes, minorías, mujeres) habían comenzado a participar activamente en la política, sobrecargando el sistema con sus demandas.
  • Se necesita más apatía: El informe afirmaba que para que la democracia fuera «gobernable», se necesitaba «un mayor grado de moderación en la democracia» y «un mayor grado de apatía y no implicación por parte de algunos individuos y grupos».
  • Control de los medios: Huntington abogaba por la necesidad de controlar a los medios de comunicación, que, según él, se habían convertido en una fuerza de oposición al poder establecido.

En esencia, el informe de la élite global era que la democracia solo funciona si la mayoría de la gente no participa en ella. Es la justificación intelectual para una tecnocracia: un sistema donde las decisiones importantes son tomadas por «expertos» y élites no electas, mientras que la población se mantiene pasiva y desinformada.

La agenda: hacia un nuevo orden económico internacional

El objetivo principal de la Comisión Trilateral ha sido la creación de lo que ellos llaman un «Nuevo Orden Económico Internacional». Esto no es una «teoría de la conspiración»; es el término que ellos mismos utilizan.

Este nuevo orden se basa en:

  • Globalismo económico: La eliminación de las barreras comerciales y la creación de un mercado global único, regido por instituciones supranacionales como la Organización Mundial del Comercio (OMC), el FMI y el Banco Mundial.
  • Interdependencia: La idea de que las economías nacionales deben estar tan entrelazadas que la soberanía económica se vuelva imposible.
  • Gestión tecnocrática: La creencia de que la economía global es demasiado compleja para ser dejada en manos de los políticos o los votantes, y que debe ser gestionada por una élite de banqueros centrales, economistas y ejecutivos corporativos.

El resultado de esta agenda, implementada a lo largo de las últimas cinco décadas, es el mundo neoliberal globalizado en el que vivimos hoy, con su inmenso poder corporativo, su creciente desigualdad y la erosión de la soberanía nacional.

Conclusión: el politburó del globalismo

A diferencia de Bilderberg, que actúa como un foro secreto de debate, y del Consejo de Relaciones Exteriores, que funciona como un «ministerio de asuntos exteriores» en la sombra, la Comisión Trilateral es el motor de la implementación. Es el lugar donde la ideología globalista se traduce en propuestas de política concretas y donde se recluta al personal político para llevarlas a cabo.

Fundada por David Rockefeller, uno de los globalistas más influyentes de la historia, y Zbigniew Brzezinski, el gran maestro del ajedrez geopolítico, la Comisión Trilateral ha sido un éxito rotundo en el cumplimiento de su misión. Ha logrado crear un mundo más interconectado y gestionado a nivel global, exactamente como lo planearon.

La pregunta que debemos hacernos es: ¿es este el mundo que hubiéramos elegido si se nos hubiera preguntado? La «Crisis de la Democracia» que tanto preocupaba a la Trilateral en 1975 parece haber sido «resuelta», no fortaleciendo la democracia, sino marginándola. Vivimos en la era tecnotrónica que Brzezinski predijo, un mundo gobernado por expertos y algoritmos, donde la participación ciudadana es a menudo poco más que una ilusión. Y la Comisión Trilateral fue, y sigue siendo, uno de sus principales arquitectos.