El símbolo de la Sociedad Thule (una daga sobre una esvástica solar) superpuesto a una reunión secreta de sus miembros en un salón de Múnich de los años 20.En las cervecerías y salones de Múnich de la posguerra, una sociedad secreta ocultista no solo soñaba con una nueva Alemania, sino que invocaba las fuerzas para crearla.

Le invito a un viaje a las raíces más oscuras y extrañas del movimiento más monstruoso del siglo XX. La historia que se nos cuenta sobre el ascenso del nazismo es una historia de crisis económica, humillación nacional y manipulación política. Pero debajo de esta historia política, yace una capa mucho más profunda y perturbadora: una historia de ocultismo, sociedades secretas y una mitología racial que buscaba sus orígenes no en la historia, sino en reinos perdidos y razas de superhombres.

En el corazón de esta historia se encuentra la Sociedad Thule (Thule-Gesellschaft). Fundada en Múnich en 1918, en el caos de la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial, la Sociedad Thule no era un simple grupo de estudio nacionalista. Era una orden mágica, una sociedad secreta dedicada al estudio del ocultismo ario, que creía que la «raza aria» era descendiente de una civilización superior perdida en el lejano norte.

La Sociedad Thule es de una importancia histórica aterradora. No solo fue la cuna ideológica del Partido Nazi, dándole su símbolo más infame, la esvástica, sino que también fue el lugar donde muchos de sus futuros líderes, incluido un joven y desconocido Adolf Hitler, fueron adoctrinados.

Hoy, vamos a explorar la extraña cosmología de esta orden. Analizaremos sus creencias en la mítica Thule y la Hiperbórea, sus expediciones para encontrar los restos de esta «raza superior» y cómo su retorcida mezcla de esoterismo y racismo sentó las bases para el Holocausto.

El origen: ariosofía y el mito de la patria polar

La Sociedad Thule no inventó sus ideas de la nada. Fue la culminación de un movimiento de finales del siglo XIX y principios del XX en Alemania y Austria conocido como Ariosofía. La Ariosofía era una doctrina esotérica que fusionaba el nacionalismo racial pangermánico con las ideas de la teosofía de Madame Blavatsky.

La creencia central era que la «raza aria» no era simplemente una de las muchas razas del mundo, sino una raza de semidioses, descendientes de una civilización divina que había habitado una patria ahora perdida.

  • Hiperbórea y Thule: Esta patria mítica era identificada con la Hiperbórea de la mitología griega, una tierra legendaria de sol perpetuo en el lejano norte. Su capital era Thule.
  • La catástrofe y la mezcla racial: Según el mito, una catástrofe (como una edad de hielo o un cambio de polos) destruyó esta patria polar, obligando a los supervivientes arios a migrar hacia el sur. Durante esta migración, se mezclaron con las «razas inferiores» (animal-hombres, según algunos textos ariosóficos), perdiendo su pureza racial y sus poderes divinos (como la clarividencia y las habilidades psíquicas).
  • La misión: La misión de los ariosofistas, y más tarde de la Sociedad Thule, era «purificar» la raza aria de esta mezcla, eliminar a las razas inferiores y recuperar el conocimiento y el poder perdidos de sus antepasados hiperbóreos.

La Sociedad Thule: la logia del ocultismo nazi

La Sociedad Thule fue fundada en 1918 por Rudolf von Sebottendorff, un aventurero y ocultista que había estudiado el sufismo y la masonería en Turquía. Se presentó como una rama de la Germanenorden, otra sociedad secreta nacionalista, pero rápidamente la superó en influencia.

Bajo la apariencia de un «grupo de estudio de la antigüedad alemana», la Thule era una logia ocultista en toda regla.

  • Simbolismo: Su símbolo era una daga sobre una esvástica solar curva. La esvástica, un antiguo símbolo de buena suerte, fue adoptada por los ariosofistas como el emblema de la raza aria.
  • Rituales: Celebraban sesiones de espiritismo, astrología y rituales paganos germánicos.
  • Membresía de élite: Sus miembros provenían de las clases altas de Múnich: aristócratas, industriales, académicos, abogados y oficiales del ejército.

Pero la Thule no era solo un club de debate esotérico. Era una organización política militante. Creó su propio brazo armado, el Kampfbund Thule, que luchó contra los comunistas en las calles de Múnich. Y en 1919, uno de sus miembros, Anton Drexler, fundó un pequeño partido político para atraer a las masas trabajadoras: el Partido Obrero Alemán (DAP).

La creación de un monstruo: Hitler y el Partido Nazi

Fue la Sociedad Thule la que «descubrió» a Adolf Hitler. En 1919, Hitler, entonces un cabo del ejército, fue enviado a espiar una reunión del DAP. Su talento para la oratoria fue reconocido inmediatamente por los líderes del partido, muchos de los cuales eran miembros de la Thule.

  • El mentor: Dietrich Eckart, un influyente poeta, dramaturgo y miembro del círculo íntimo de la Thule, se convirtió en el mentor de Hitler. Eckart lo introdujo en los círculos de la alta sociedad de Múnich, le enseñó a hablar y a vestir, y lo adoctrinó en la ideología ocultista y racial de la Thule. Antes de morir, Eckart escribiría: «Seguid a Hitler. Él bailará, pero yo soy quien ha tocado la melodía».
  • La esvástica: En 1920, Hitler se convirtió en el líder del DAP, rebautizándolo como el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP), el Partido Nazi. Fue Hitler quien, basándose en el simbolismo de la Thule, eligió la esvástica como el emblema del partido.
  • Los líderes nazis: Muchos de los futuros líderes del Tercer Reich eran miembros o estaban estrechamente asociados con la Sociedad Thule, incluyendo a Rudolf Hess (lugarteniente de Hitler), Alfred Rosenberg (el principal ideólogo racial del partido) y Hans Frank (el futuro gobernador de Polonia).

La Sociedad Thule fue la partera del nazismo. Le proporcionó su ideología central, su símbolo más potente y su futuro líder.

Las expediciones de las SS: la búsqueda de los ancestros arios

Aunque la Sociedad Thule como organización fue marginada una vez que Hitler consolidó su poder, su ideología ocultista fue absorbida y llevada a su conclusión lógica por la élite más temida del Tercer Reich: las SS, bajo el mando de Heinrich Himmler.

Himmler, un ocultista fanático, estaba obsesionado con probar el origen ario de los alemanes. Creó la Ahnenerbe («Herencia Ancestral»), una organización de las SS dedicada a la investigación arqueológica y antropológica para encontrar pruebas de la antigua raza aria.

Las expediciones de la Ahnenerbe son legendarias:

  • Tíbet: En 1938, enviaron una expedición al Tíbet, liderada por Ernst Schäfer. El objetivo era buscar los restos de una supuesta civilización aria que habría sobrevivido en el Himalaya después de la catástrofe de Hiperbórea. Realizaron mediciones craneales en la población local, buscando rasgos arios.
  • Antártida: La expedición a «Nueva Suabia» en la Antártida en 1938-39 ha alimentado las teorías de que los nazis buscaban una entrada a la «Tierra Hueca» o una base secreta, conectada con las leyendas de una patria polar.
  • Búsqueda de reliquias: La Ahnenerbe también buscó artefactos de poder, como el Santo Grial y la Lanza del Destino, creyendo que otorgarían un poder invencible al Tercer Reich.

Conclusión: de la mitología a la cámara de gas

La historia de la Sociedad Thule es una advertencia aterradora sobre el peligro de las ideas. Lo que comenzó como una fantasía esotérica en los salones de Múnich —una mitología de razas superiores, patrias perdidas y linajes de sangre— se convirtió, en menos de dos décadas, en la ideología de estado de una de las naciones más poderosas de Europa.

La búsqueda de la mítica «pureza aria» no condujo a la iluminación, sino al Holocausto. La creencia en «razas inferiores» no fue una simple teoría académica; fue la justificación para el genocidio.

La Sociedad Thule nos enseña que las sociedades secretas no son solo juegos de poder y rituales extraños. A veces, son los laboratorios donde se gestan las ideologías más venenosas. Y nos demuestra que la línea que separa el mito ocultista de la pesadilla política es peligrosamente delgada.