Le invito a un viaje al nacimiento de la nación más poderosa del mundo moderno. La historia que todos aprendemos en la clase de cívica es una de valientes patriotas, filósofos de la Ilustración y granjeros que se levantaron contra la tiranía de un rey lejano para forjar una nueva república basada en la libertad y la democracia. Es una historia noble y, en gran medida, cierta. Pero está incompleta.
Debajo de esta narrativa pública, yace una capa de historia mucho más profunda, más secreta y más simbólica. Es la historia de una hermandad, una sociedad secreta cuyos principios, rituales y red de miembros actuaron como la partera invisible de la Revolución Americana. Nos referimos a la Francmasonería.
¿Fue la fundación de los Estados Unidos un simple evento político, o fue también la culminación de un proyecto esotérico, un plan de siglos para crear una «Nueva Atlántida» en el Nuevo Mundo, una república basada no solo en la ley, sino en los principios ocultos de la logia?
Hoy, vamos a examinar la abrumadora evidencia de la mano oculta de la masonería en el nacimiento de América. Desde la membresía de sus líderes hasta la filosofía de sus documentos fundacionales y el simbolismo que impregna su capital, descubriremos que la conexión no es una simple coincidencia, sino el ADN filosófico de la nación.
Una nación concebida en la logia
Para entender la influencia de la masonería, primero debemos entender qué era en el siglo XVIII. Las logias masónicas eran las «universidades» de la era de la Ilustración. Eran lugares donde los hombres podían reunirse en secreto, lejos de los ojos de la monarquía y la iglesia estatal, para discutir ideas radicales: el republicanismo, los derechos individuales, la separación de la iglesia y el estado, y la soberanía del pueblo.
La logia era un microcosmos de la república ideal. Dentro de sus muros, los hombres eran juzgados no por su título o su riqueza, sino por su carácter («en el nivel»). Era un espacio de igualdad y libre pensamiento. No es de extrañar, entonces, que se convirtiera en la incubadora de la revolución.
Los padres fundadores y el delantal masónico
La escala de la participación masónica entre los Padres Fundadores es asombrosa. No se trata de una o dos figuras marginales; son los protagonistas de la historia.
- George Washington: No solo fue masón, fue el Venerable Maestro de la Logia de Alexandria No. 22. Prestó juramento como presidente sobre una Biblia masónica, y su funeral fue un rito masónico completo.
- Benjamin Franklin: Fue Gran Maestre de la Gran Logia de Pensilvania. Su influencia fue crucial para asegurar el apoyo de las logias francesas (y, por lo tanto, del gobierno francés) a la causa revolucionaria.
- John Hancock: El primer firmante de la Declaración de Independencia, con su famosa y audaz firma, fue un masón de la Logia de San Andrés en Boston.
- Paul Revere: El héroe de la «cabalgata de medianoche» fue Gran Maestre de la Gran Logia de Massachusetts.
- Otros firmantes y generales: Al menos nueve de los 56 firmantes de la Declaración de Independencia y al menos 13 de los 39 firmantes de la Constitución eran masones confirmados. Más de 30 de los generales de Washington en el Ejército Continental eran miembros de la hermandad.
La Revolución Americana no fue simplemente una guerra; fue, en muchos aspectos, un proyecto masónico llevado a cabo por una red de «hermanos» comprometidos con los mismos ideales radicales.
La Declaración de Independencia: ¿un documento masónico?
La filosofía que anima la Declaración de Independencia resuena profundamente con los principios masónicos de la Ilustración.
- «La búsqueda de la felicidad»: Esta famosa frase, a menudo atribuida a Thomas Jefferson (cuya membresía masónica es debatida pero que estaba profundamente inmerso en sus círculos), es un concepto central en la filosofía masónica, que ve el desarrollo y la perfección del individuo como el propósito de la vida.
- «Derechos inalienables» otorgados por un «Creador»: La masonería no es una religión, pero es deísta. Requiere la creencia en un «Gran Arquitecto del Universo». La idea de que los derechos no provienen de un rey o un gobierno, sino de una fuente divina y natural, es fundamental para el pensamiento masónico y un desafío directo al «derecho divino de los reyes».
- «El consentimiento de los gobernados»: La estructura de una logia masónica es republicana. Sus oficiales son elegidos. La idea de que el poder legítimo fluye de abajo hacia arriba, no de arriba hacia abajo, se practicaba en las logias mucho antes de que se luchara por ella en los campos de batalla.
El simbolismo oculto en la capital de la nación
Si los documentos fundacionales contienen el software filosófico de la masonería, la capital de la nación, Washington D.C., contiene su hardware simbólico.
- La ceremonia de la piedra angular: El 18 de septiembre de 1793, el presidente George Washington, actuando como Gran Maestre pro tempore de la Gran Logia de Maryland, presidió la ceremonia de colocación de la piedra angular del Capitolio de los EE.UU. Llevaba su delantal y regalía masónica completa. El evento fue un rito masónico público, sellando el edificio más importante de la nueva república con el simbolismo de la Orden.
- El diseño de la ciudad: El diseño de las calles de Washington D.C., creado por el masón Pierre Charles L’Enfant, ha sido objeto de una intensa especulación. Los investigadores han señalado que la disposición de las calles y los monumentos clave parece formar símbolos esotéricos, como un pentagrama invertido que apunta a la Casa Blanca y una escuadra y un compás masónicos que conectan el Capitolio, el Monumento a Washington y otros puntos. Si bien los historiadores convencionales lo descartan como una coincidencia, para los investigadores del simbolismo, es la firma de los arquitectos a plena vista.
El Gran Sello: el ojo que todo lo ve y el nuevo orden secular
Quizás la evidencia más flagrante y duradera de la influencia masónica se encuentra en el reverso del Gran Sello de los Estados Unidos, que se puede ver en cada billete de un dólar.
- La pirámide inacabada: La pirámide de 13 escalones (representando las 13 colonias originales) está inacabada, simbolizando que la obra de construir la república perfecta está siempre en progreso.
- El Ojo que Todo lo Ve: En la cima, flotando en un triángulo resplandeciente, se encuentra el Ojo de la Providencia. Aunque tiene orígenes cristianos, el Ojo que Todo lo Ve es uno de los símbolos más universales y reconocibles de la masonería, representando al Gran Arquitecto del Universo observando la obra de la humanidad.
- «Annuit Cœptis»: La frase sobre la pirámide se traduce como «Él [Dios] ha favorecido nuestras empresas».
- «Novus Ordo Seclorum»: La frase debajo de la pirámide es la más controvertida. Se traduce como «Un Nuevo Orden de los Siglos». Para muchos, es una declaración abierta de la intención de crear un «Nuevo Orden Mundial», una nueva era secular y republicana, en contraste con el viejo orden de las monarquías y la iglesia.
El Gran Sello no es solo un emblema; es un talismán, un manifiesto esotérico que declara la naturaleza y la ambición del proyecto americano.
Conclusión: ¿una república masónica?
Llamar a la fundación de los Estados Unidos un «complot masónico» sería una simplificación excesiva. La revolución fue un evento complejo con muchas causas y facciones. Sin embargo, ignorar la profunda y penetrante influencia de la Francmasonería es ser históricamente ciego.
La masonería proporcionó la red, la filosofía y el lenguaje simbólico para la Revolución. Fue el andamiaje invisible sobre el que se construyó la república. Los Padres Fundadores no eran simplemente políticos; muchos eran iniciados en una tradición esotérica que creía en la construcción de un mundo mejor, un Templo de la Humanidad, aquí en la Tierra.
Estados Unidos no es una nación cristiana en su fundación, como afirman algunos, ni una simple república secular. Es algo mucho más extraño y fascinante: una nación concebida con un alma esotérica, un experimento para ver si los principios ocultos de la logia podían convertirse en la ley manifiesta de una tierra. Y los símbolos de ese experimento todavía nos rodean, esperando ser decodificados.
