Es el otoño de 1888. El barrio de Whitechapel, en el East End de Londres, es un laberinto de pobreza, smog y desesperación. En la oscuridad, un depredador acecha. Mata a cinco mujeres (las «Cinco Canónicas»), las mutila con precisión quirúrgica y desaparece sin dejar rastro.
Envía cartas a la policía burlándose de ellos, firmadas con un nombre que se convertirá en leyenda: Jack el Destripador.
Durante más de 130 años, «Ripperólogos» (expertos en el caso) han propuesto cientos de nombres. Desde el nieto de la Reina Victoria hasta el autor de Alicia en el País de las Maravillas. La mayoría son fantasías.
Pero en el siglo XXI, la ciencia forense ha entrado en el juego. El ADN, el perfil geográfico y el análisis lingüístico nos han acercado más que nunca a la cara del asesino.
Acompáñeme a la escena del crimen más famosa del mundo para ver quiénes son los sospechosos que realmente encajan con la evidencia.
El Sospechoso Nº 1: Aaron Kosminski y el ADN
Si usted apuesta por la ciencia, este es su hombre.
Aaron Kosminski era un peluquero polaco judío de 23 años que vivía en Whitechapel con sus hermanos. Era esquizofrénico paranoide, escuchaba voces y tenía un odio visceral hacia las mujeres.
En 2014 (y confirmado en 2019), el autor Russell Edwards y el biólogo molecular Dr. Jari Louhelainen publicaron un estudio explosivo. Analizaron un chal de seda que supuestamente fue encontrado junto al cuerpo de la cuarta víctima, Catherine Eddowes.
El chal tenía manchas de sangre y semen.
El análisis de ADN mitocondrial (que se hereda de la madre) encontró dos coincidencias:
- La sangre coincidía con los descendientes vivos de Catherine Eddowes.
- El semen coincidía con los descendientes vivos de la hermana de Aaron Kosminski.
Para muchos, esto es «caso cerrado». Kosminski estaba allí. Además, la policía de la época lo tenía como sospechoso principal y lo vigilaba constantemente hasta que fue internado en un asilo en 1891, momento en que los crímenes cesaron.
Sin embargo, los críticos señalan que la cadena de custodia del chal es dudosa (pasó por muchas manos sin protección) y que el ADN mitocondrial no es tan preciso como el nuclear, pudiendo coincidir con miles de personas.
El Sospechoso Nº 2: Walter Sickert y el Arte del Crimen
La escritora Patricia Cornwell gastó millones de dólares intentando probar que el famoso pintor impresionista Walter Sickert era Jack.
Su teoría se basa en que Sickert pintó escenas que se parecen inquietantemente a las fotos de las autopsias de las víctimas (como «El Asesinato de Camden Town»).
Cornwell afirma haber encontrado ADN mitocondrial en los sellos de las cartas del Destripador que coincide con el de Sickert.
Sin embargo, la mayoría de los expertos descartan esta teoría. Sickert estaba probablemente en Francia durante la mayoría de los asesinatos. Su obsesión con el crimen era artística, no criminal.
El Sospechoso Nº 3: Charles Lechmere (El hombre invisible)
Esta es la teoría moderna favorita de los detectives.
Charles Lechmere era un conductor de carros de carne que trabajaba en la zona. Fue él quien «encontró» el cuerpo de la primera víctima, Mary Ann Nichols, y mintió a la policía sobre cuánto tiempo había estado allí.
El perfil geográfico moderno muestra que la ruta diaria de Lechmere al trabajo pasaba por los lugares de los asesinatos a las horas exactas en que ocurrieron.
Lechmere encaja en el perfil del asesino «invisible»: un hombre de clase trabajadora, local, que podía caminar cubierto de sangre (su delantal de carnicero) sin levantar sospechas.
No hay ADN, pero la evidencia circunstancial y geográfica es abrumadora.
El Sospechoso Nº 4: H.H. Holmes (El Diablo en la Ciudad Blanca)
Una teoría reciente y sensacionalista sugiere que el primer asesino en serie de América, H.H. Holmes (quien construyó el «Castillo de los Asesinatos» en Chicago), viajó a Londres en 1888.
Su tataranieto, Jeff Mudgett, afirma que la caligrafía de Holmes coincide con las cartas del Destripador.
Aunque es una idea fascinante para una película, no hay pruebas documentales de que Holmes estuviera en Londres en esas fechas.
El Perfil del FBI
En 1988, el agente del FBI John Douglas (el «Mindhunter» original) creó un perfil moderno del asesino:
- Hombre blanco, 28-36 años.
- Residente local de Whitechapel.
- Trabajo menial (carnicero, asistente de funeraria).
- Solitario, socialmente inepto.
- Probablemente víctima de abuso materno.
- No tenía conocimientos médicos avanzados (las mutilaciones eran crudas, no quirúrgicas).
Este perfil descarta a los aristócratas y médicos famosos, y apunta directamente a hombres como Kosminski o Lechmere.
Conclusión: El rostro en la niebla
Jack el Destripador probablemente no fue un genio malvado ni un príncipe. Fue un hombre triste, enfermo y local que tuvo suerte. La policía de la época carecía de tecnología forense y estaba obstaculizada por la burocracia.
La evidencia del ADN en el chal apunta a Aaron Kosminski como el candidato más fuerte científicamente. El perfil geográfico apunta a Charles Lechmere.
Es posible que nunca tengamos una certeza del 100%, pero la niebla se está levantando. Jack ya no es un fantasma; es un expediente forense que estamos a punto de cerrar.
