Abra su Biblia en Génesis 1:26. Lea con atención:
«Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza».
Note el plural. «Hagamos». «Nuestra».
Si Dios es uno, ¿con quién estaba hablando? ¿Con los ángeles? ¿O consigo mismo?
La teología tradicional dice que es la «Trinidad» o el «Plural Mayestático».
Pero hay otra explicación, una que conecta la Biblia con las tablillas de arcilla más antiguas de la humanidad, las de Sumeria.
Según investigadores como Zecharia Sitchin y Erich von Däniken, ese versículo no es una metáfora poética. Es un informe de laboratorio.
Sugieren que «Dios» no era una entidad espiritual, sino un equipo de científicos extraterrestres (los Elohim o Anunnaki) que llegaron a la Tierra hace 400.000 años y realizaron una operación de ingeniería genética: tomaron un homínido primitivo (Homo erectus) y mezclaron su ADN con el de ellos para crear un trabajador inteligente.
Acompáñeme a reexaminar el origen de nuestra especie bajo la lente de la biotecnología antigua.
El misterio de los Elohim
La palabra hebrea que se traduce como «Dios» en el Génesis es Elohim.
Cualquier lingüista le dirá que Elohim es un sustantivo plural. El singular es El o Eloah.
Literalmente, la Biblia dice: «Y los Dioses dijeron: Hagamos al hombre».
Esto cambia todo. Si eran varios, y tenían una «imagen» física (cabeza, brazos, piernas) que podían copiar, entonces no eran espíritus incorpóreos. Eran seres biológicos.
La Biblia dice que Adán fue hecho a su «semejanza». En genética, esto se llama Clonación o hibridación. Somos una copia de menor resolución de nuestros creadores.
La conexión Sumeria: El Proyecto Adapa
Miles de años antes de que se escribiera la Biblia, los sumerios (la primera civilización humana) escribieron la misma historia, pero con más detalles técnicos.
En el Atrahasis y el Enuma Elish, se cuenta que los dioses menores (Igigi) se cansaron de trabajar en las minas de oro de la Tierra y se rebelaron.
El dios científico Enki propuso una solución: crear un «Lulu Amelu» (Trabajador Primitivo) para que cargara con el trabajo.
El proceso descrito es escalofriantemente similar a la fecundación in vitro:
- Enki toma la «arcilla» (o esencia vital/sangre) de un dios.
- La mezcla con el óvulo de una hembra homínida.
- Implanta el embrión en el útero de una diosa «diosa madre» (Ninhursag).
- Nace el primer hombre, Adapa (Adán).
Para Sitchin, la «arcilla» es una mala traducción de Ti.it, que significa «aquello que tiene vida» (ADN). La «costilla» de Adán (usada para crear a Eva) es un juego de palabras sumerio: Ti significa tanto «costilla» como «vida». Eva fue un clon modificado para la reproducción.
El Eslabón Perdido y el Cromosoma 2
La ciencia evolutiva tiene un problema: el cerebro humano creció demasiado rápido. En términos geológicos, pasamos de golpear piedras a construir cohetes en un instante.
Además, hay una anomalía genética. Los grandes simios tienen 24 pares de cromosomas. Los humanos tenemos 23.
¿Qué pasó?
El Cromosoma 2 humano es el resultado de la fusión de dos cromosomas de simio ancestrales.
La ciencia dice que fue una mutación natural. La teoría de los Antiguos Astronautas dice que fue una fusión intencional en un laboratorio para dar el salto evolutivo.
¿Por qué nos crearon?
Si somos un experimento, ¿cuál es el propósito?
Los textos sumerios son claros y deprimentes: fuimos creados como esclavos.
Para extraer oro. Para cultivar alimentos. Para servir a los dioses.
Esto explica por qué en el Antiguo Testamento, Dios exige obediencia absoluta, sacrificios y servicio. Es la relación entre un amo y su siervo, no entre un padre y su hijo.
Pero algo salió mal (o bien). Enki, el genetista, nos dio algo que el líder Enlil no quería: la capacidad de reproducirnos y la inteligencia superior (el Árbol del Conocimiento). Nos volvimos demasiado parecidos a ellos. Y por eso nos expulsaron del Edén (el laboratorio protegido).
Conclusión: Hijos de las estrellas y el barro
Esta teoría es inquietante porque nos quita la divinidad mística, pero nos da una familia cósmica.
No somos polvo animado por magia. Somos una obra maestra de la biotecnología.
Llevamos en nuestra sangre el código de la Tierra (el homínido) y el código del Cielo (los Elohim).
Si esto es cierto, la búsqueda de «Dios» no es una búsqueda espiritual, sino una búsqueda de nuestros padres biológicos que se fueron a las estrellas y prometieron volver.
Y cuando miremos al cielo, quizás no debamos rezar, sino esperar una visita familiar.
