Mire su mano. Gírela. Tiene volumen, textura, profundidad. Ocupa un espacio tridimensional.
Ahora mire la pantalla de su televisor o su teléfono. Usted ve personas, paisajes y profundidad, pero sabe que es una ilusión. La pantalla es plana. Es una superficie 2D que engaña a su cerebro para que vea 3D.
¿Y si le dijera que su mano, su casa y todo el universo observable son exactamente como esa pantalla?
Bienvenido a la Hipótesis del Universo Holográfico. Esta no es una idea de fumadores de marihuana ni de guionistas de Hollywood. Es una de las teorías más serias y matemáticas de la física moderna, defendida por gigantes como Leonard Susskind y el Premio Nobel Gerard ‘t Hooft.
La teoría sugiere algo que desafía el sentido común: la realidad tridimensional que experimentamos es una proyección holográfica generada por información codificada en una superficie bidimensional distante. En resumen: somos hologramas.
Acompáñeme al borde de un agujero negro para entender por qué la física cree que el universo es más plano de lo que parece.
El problema de la basura cósmica: La paradoja de la información
Todo comenzó con una pelea científica. En los años 70, Stephen Hawking propuso que los agujeros negros no eran totalmente negros; emitían radiación y eventualmente se evaporaban hasta desaparecer.
El problema era: ¿Qué pasaba con las cosas que habían caído dentro? Según Hawking, la información (la estructura de los átomos de una silla, por ejemplo) se destruía para siempre.
Esto violaba una ley fundamental de la mecánica cuántica: la información nunca se pierde. La física cuántica necesita saber el pasado para predecir el futuro. Si la información se borra, la física se rompe.
Leonard Susskind y Gerard ‘t Hooft salieron al rescate con una solución brillante y extraña. Dijeron: «La información no cae al centro del agujero negro. Se queda pegada en la superficie».
Imagine que tira una lata de refresco a un agujero negro. Según esta teoría, la lata 3D se aplasta y sus datos se «imprimen» en el Horizonte de Sucesos (la frontera del agujero) como un código de barras 2D. La información se conserva en la superficie, aunque el objeto parezca perdido.
El Principio Holográfico: De agujeros negros al universo entero
Si esto es cierto para un agujero negro, Susskind dio el siguiente paso lógico: ¿Y si es cierto para todo?
El Principio Holográfico establece que la cantidad máxima de información que puede contener cualquier volumen de espacio no depende de su volumen (cuánto cabe dentro), sino de su superficie (cuánto cabe en la cáscara que lo envuelve).
Piénselo así: Si usted llena una habitación con libros, pensaría que la cantidad de información depende del tamaño de la habitación (volumen). Pero la física dice que la información máxima está limitada por las paredes de la habitación (superficie).
Esto implica que el interior (el volumen 3D) es redundante. Toda la información necesaria para describir lo que hay dentro de la habitación (usted, los libros, el aire) está escrita en las paredes. El interior es solo una proyección de los datos de la superficie.
Aplicado al cosmos: El universo tiene un «horizonte cosmológico» (el límite de lo que podemos ver). La teoría sugiere que toda la historia, la materia y la energía de nuestro universo 3D son una proyección de datos almacenados en esa pantalla 2D lejana.
¿Cómo funciona un holograma?
Para entenderlo, piense en un holograma real.
Un holograma se hace en una película fotográfica plana (2D). Si usted mira la película bajo luz normal, solo ve patrones de interferencia caóticos. Pero si le dispara un láser, aparece una imagen 3D flotando en el aire.
Lo fascinante es que si usted corta la película holográfica por la mitad, no pierde la mitad de la imagen. Cada pedazo de la película contiene la imagen completa del objeto, solo que con menos resolución.
Esto resuena con antiguas ideas místicas: «El todo está en cada parte».
En el universo holográfico, el espacio-tiempo es la proyección. La gravedad y la materia son ilusiones emergentes, como los personajes en una pantalla de cine.
La evidencia: El ruido del GEO600
Usted se preguntará: «¿Hay alguna prueba o es solo matemática bonita?».
En 2008, el detector de ondas gravitacionales GEO600 en Alemania comenzó a captar un ruido extraño e inexplicable. No era un terremoto, no era tráfico. Era un «zumbido» constante en la señal.
El físico Craig Hogan, del Fermilab, sugirió una explicación alucinante: el GEO600 había chocado con el límite de resolución del universo.
Si el universo es un holograma, tiene píxeles (como vimos en la teoría de la simulación). Si haces suficiente zoom, la imagen se vuelve borrosa o granulada. Hogan predijo que el universo holográfico tendría un «grano» específico, y el ruido del GEO600 coincidía con esa predicción.
Aunque esto sigue siendo debatido y no es una prueba definitiva, es la primera vez que un experimento físico ha rozado la posibilidad de «tocar» los píxeles del holograma.
La conexión con la Teoría de Cuerdas
La teoría de cuerdas, la candidata principal para la «Teoría del Todo», funciona mucho mejor en un universo holográfico.
En 1997, el físico Juan Maldacena descubrió la «correspondencia AdS/CFT». Demostró matemáticamente que un universo con gravedad (como el nuestro, pero con forma de silla de montar) es equivalente a un universo sin gravedad que existe solo en su frontera.
Fue la primera prueba matemática sólida de que un mundo 3D y una frontera 2D pueden ser la misma cosa, solo que descrita en dos idiomas diferentes.
Conclusión: La realidad es información
Si esta hipótesis es correcta, cambia todo lo que usted cree sobre sí mismo.
Usted no es un cuerpo sólido moviéndose en un espacio vacío. Usted es un paquete de información procesada. Su «cuerpo» es el avatar 3D; su «yo» real son los datos en el horizonte cósmico.
Esto borra la distinción entre mente y materia. Si todo es información, entonces la conciencia (procesamiento de información) es fundamental.
La realidad es más ligera de lo que pensamos. No estamos hechos de átomos duros; estamos hechos de bits, de preguntas de sí/no, de luz proyectada desde el borde del infinito.
La próxima vez que mire el cielo nocturno, recuerde: no está mirando hacia el infinito profundo. Podría estar mirando la pantalla que lo proyecta a usted.
