Imagine el escenario. Usted está en un hospital. El monitor cardíaco emite ese pitido continuo y agudo que indica el final: beeeeeep. Línea plana. Su corazón se ha detenido. La sangre deja de fluir a su cerebro. En cuestión de segundos, la actividad eléctrica de su corteza cerebral se apaga. Clínicamente, usted está muerto.
Según la ciencia materialista, en este punto, usted debería ser la nada absoluta. Un televisor desenchufado. Oscuridad sin conciencia.
Sin embargo, para millones de personas que han sido resucitadas gracias a la medicina moderna, lo que sucede a continuación no es la nada. Es todo.
Usted se encuentra flotando sobre su cuerpo, viendo a los médicos trabajar. Siente una paz indescriptible. Atraviesa un túnel hacia una luz amorosa. Se encuentra con familiares fallecidos. Revisa cada segundo de su vida en un instante. Y luego, le dicen que «no es su momento» y es empujado violentamente de vuelta a su cuerpo dolorido.
Bienvenido al estudio de las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM). Usted está a punto de investigar si estas visiones son el último fuego artificial de un cerebro moribundo o la prueba definitiva de que la conciencia no necesita del cerebro para existir.
El mapa del territorio desconocido
El término fue acuñado por el Dr. Raymond Moody en su libro seminal de 1975, Vida después de la vida. Moody entrevistó a 150 personas que habían «muerto» y regresado. Lo que le sorprenderá a usted es la consistencia de los relatos. No importa si el paciente es cristiano, ateo, hindú o un niño pequeño; la estructura de la experiencia es casi idéntica.
Los elementos centrales que usted encontrará repetidos son:
- Inefabilidad: La imposibilidad de describir la experiencia con palabras humanas.
- Escuchar la noticia: Oír a los médicos declararlo muerto.
- Paz y dolor: El cese inmediato del dolor físico y una sensación de paz absoluta.
- El ruido: Un zumbido o vibración intensa.
- El túnel: Viajar a gran velocidad a través de un espacio oscuro hacia una luz.
- El encuentro: Ver a seres de luz o familiares fallecidos (nunca vivos).
- La revisión de vida: Ver toda su vida en una panorámica instantánea.
- El límite: Llegar a una frontera (río, cerca, puerta) que no se puede cruzar si se quiere volver.
La hipótesis escéptica: El cerebro en pánico
Usted debe considerar la explicación científica convencional. Para los neurocientíficos materialistas, la ECM es una alucinación compleja causada por la hipoxia (falta de oxígeno) y la liberación masiva de neuroquímicos.
- La teoría del DMT: Se especula que la glándula pineal libera dimetiltriptamina (DMT) en el momento de la muerte para proteger la psique del shock. El DMT es un psicodélico potente que provoca viajes astrales y encuentros con entidades.
- El túnel: Se explica como la pérdida de visión periférica debido a la falta de flujo sanguíneo en la retina (visión de túnel).
- La euforia: Causada por la liberación de endorfinas y ketamina endógena.
Es una explicación lógica. Si el cerebro es una máquina, cuando se rompe, produce fallos (glitches). Pero hay un problema que esta teoría no puede resolver: las ECM verídicas.
El caso de Pam Reynolds: El golpe a la ciencia
Si usted quiere desafiar a un escéptico, háblele de Pam Reynolds.
En 1991, Pam se sometió a una operación llamada «paro cardíaco hipotérmico» para eliminar un aneurisma cerebral gigante.
Para operarla, los médicos tuvieron que:
- Bajar su temperatura corporal a 15°C.
- Detener su corazón y su respiración.
- Drenar toda la sangre de su cabeza.
- Poner tapones en sus oídos que emitían clics fuertes para asegurar que su tronco cerebral no respondía.
Pam estaba, para todos los efectos, un cadáver. Su cerebro no tenía actividad eléctrica (EEG plano). No podía oír, no podía ver (tenía los ojos cerrados con cinta) y no tenía sangre.
Sin embargo, Pam reportó haber salido de su cuerpo. Describió con precisión la sierra quirúrgica que usaron para abrir su cráneo (dijo que parecía un cepillo de dientes eléctrico) y escuchó una conversación específica entre el cirujano y el cardiólogo sobre sus arterias «demasiado pequeñas».
Usted debe preguntarse: ¿Cómo puede un cerebro apagado, sin sangre y con los oídos tapados, ver y oír con precisión técnica? La alucinación no explica la obtención de información verídica del entorno físico. Este caso sugiere que la conciencia (el «usted») se había separado del hardware biológico.
El Dr. Eben Alexander: El converso
Otro caso que usted debe conocer es el del neurocirujano Eben Alexander. Durante años, él enseñó en Harvard que las ECM eran alucinaciones. Hasta que le pasó a él.
En 2008, contrajo una meningitis bacteriana rara que atacó su neocórtex (la parte del cerebro que procesa el pensamiento y la percepción). Su cerebro estaba lleno de pus; estaba en coma profundo.
Según la ciencia médica, no debería haber tenido ninguna experiencia, ni siquiera sueños. Sin embargo, Alexander viajó a un mundo hiper-real de paisajes, música y conocimiento universal, guiado por una chica en el ala de una mariposa.
Al despertar, descubrió que la chica que vio era una hermana biológica que nunca conoció (él era adoptado) y que había muerto años antes. Él no había visto ni una foto de ella antes de su coma.
Su conclusión sacudió a la comunidad médica: «El cerebro no crea la conciencia; el cerebro es una válvula reductora que filtra la conciencia primordial».
La Revisión de Vida: El juicio empático
Quizás la parte más transformadora que usted experimentaría es la revisión de vida. No es un juicio externo. No hay un Dios en un trono condenándolo.
Usted es el juez.
Los experimentadores relatan que reviven cada acción, pero con un giro: sienten lo que la otra persona sintió.
Si usted insultó a alguien en 1995, no solo recuerda el insulto; siente la humillación y el dolor de esa persona como si fuera propio. Si ayudó a alguien, siente su gratitud.
Esto sugiere una ley física de la moralidad: todos estamos conectados. Hacer daño a otro es, literalmente, hacerse daño a uno mismo. Los que regresan de una ECM suelen perder el miedo a la muerte y se vuelven menos materialistas y más altruistas.
Conciencia Cuántica: ¿A dónde vamos?
Si la conciencia no muere con el cerebro, ¿a dónde va? Aquí retomamos la teoría de los microtúbulos de Penrose y Hameroff (que usted analizó en el artículo sobre telepatía).
Hameroff sugiere que cuando el corazón se detiene, la información cuántica dentro de los microtúbulos no se destruye (porque la información cuántica no puede destruirse), sino que se disipa al universo en general. Si el paciente es revivido, la información «vuelve» a los microtúbulos y el paciente dice: «Tuve una ECM». Si el paciente muere, esa información cuántica (el alma) permanece en el campo no local, posiblemente persistiendo indefinidamente.
Conclusión: La muerte es una puerta, no un muro
Usted ha sido condicionado para temer a la muerte como el fin absoluto. Las ECM nos ofrecen una narrativa diferente, respaldada por millones de testimonios y casos inexplicables para la medicina.
Parece que al cruzar el umbral, no perdemos nuestra identidad; la expandimos. Nos quitamos el traje de buzo pesado (el cuerpo) y volvemos al océano.
La próxima vez que piense en la muerte, recuerde a Pam Reynolds observando su propia cirugía desde el techo. Recuerde que la ciencia aún no sabe qué es la conciencia. Y considere la posibilidad de que la vida física sea solo una escuela, y la muerte, la graduación.
