Usted se despierta una mañana y no hay luz. Intenta mirar su celular, pero no tiene señal. Va al coche, pero la electrónica no arranca. Mira por la ventana y ve que el cielo brilla con colores extraños, como una aurora boreal, aunque viva en el ecuador.
Pasan los días. La luz no vuelve. El agua deja de salir del grifo (las bombas son eléctricas). Los supermercados se vacían. Los hospitales se quedan sin generadores.
No es un ataque nuclear. No es un virus. Es el Sol.
En 1859, la Tierra fue golpeada por la tormenta solar más grande registrada en la historia: el Evento Carrington.
En aquel entonces, la tecnología era primitiva (telégrafos). Hoy, nuestra civilización depende al 100% de la electricidad. Si un evento similar ocurriera mañana, los expertos advierten que podría significar el fin de la sociedad tecnológica tal como la conocemos.
Acompáñeme a mirar al astro rey, no como un amigo que nos da calor, sino como una bomba de tiempo que ya ha detonado antes y volverá a hacerlo.
1 de septiembre de 1859: El cielo en llamas
El astrónomo aficionado Richard Carrington estaba observando el sol en su observatorio privado en Londres. De repente, vio dos parches de luz blanca intensísima estallar en una mancha solar.
Era una Eyección de Masa Coronal (CME): una nube de miles de millones de toneladas de plasma magnetizado lanzada directamente hacia la Tierra a velocidades imposibles.
17 horas después, la ola golpeó.
El cielo nocturno se iluminó. Se vieron auroras boreales tan al sur como Cuba, Hawái y Colombia. Eran tan brillantes que los mineros en las Montañas Rocosas se levantaron y empezaron a preparar el desayuno, pensando que era de día.
Pero lo más extraño pasó en las oficinas de telégrafos.
Los cables, que actuaban como antenas gigantes, recogieron la energía geomagnética. Los operadores recibieron descargas eléctricas. El papel de los mensajes se incendió.
En algunos casos, desconectaron las baterías y siguieron transmitiendo mensajes solo con la energía de la aurora.
¿Qué pasaría hoy? El Apocalipsis de Internet
En 1859, si se quemaba un telégrafo, era una molestia. Hoy, sería una catástrofe.
Una tormenta solar induce corrientes eléctricas en conductores largos: líneas de alta tensión, oleoductos, cables submarinos de internet.
- La Red Eléctrica: Las corrientes inducidas (GIC) sobrecargarían los transformadores gigantes de las subestaciones. Estos aparatos, del tamaño de una casa, se sobrecalentarían y se fundirían.
El problema es que no hay repuestos. Estos transformadores se fabrican a medida y tardan 12 a 18 meses en construirse. Si se queman cientos a la vez, estaríamos sin luz durante años. - Satélites y GPS: La radiación freiría los circuitos de los satélites. Sin GPS, el transporte mundial (barcos, aviones, camiones) se detendría. Los sistemas bancarios (que usan GPS para sincronizar transacciones) colapsarían.
- Agua y Comida: Sin electricidad, no hay bombas de agua. Sin transporte, las ciudades se quedan sin comida en 3 días.
Un informe de la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU. estimó que el costo económico sería de 2 billones de dólares solo el primer año, y la recuperación tardaría una década.
Ya estuvimos cerca: 2012
Usted no lo supo, pero en julio de 2012, estuvimos a punto de perderlo todo.
Una supertormenta solar, de la magnitud del evento Carrington, salió disparada del sol.
Cruzó la órbita de la Tierra.
Pero la Tierra no estaba allí. Había pasado por ese punto hacía solo una semana.
Si la tormenta hubiera ocurrido una semana antes, hoy usted probablemente estaría cultivando papas para sobrevivir en lugar de leer esto en internet.
¿Podemos protegernos?
Tenemos satélites (como el DSCOVR) que vigilan el sol. Si detectan una CME, nos darían una alerta de entre 15 y 60 minutos antes del impacto.
¿Qué podemos hacer en 15 minutos?
Las compañías eléctricas podrían desconectar la red preventivamente para salvar los transformadores. Pero apagar un país entero es una decisión política y técnica arriesgada. ¿Se atreverían a hacerlo basándose en un pronóstico?
A nivel individual, los «preppers» recomiendan tener una Jaula de Faraday (una caja de metal aislada) para guardar radios y electrónicos de emergencia.
Conclusión: La fragilidad del progreso
El Evento Carrington nos enseña una lección de humildad. Hemos construido un castillo de naipes tecnológico sobre la base de una fuerza (la electricidad) que el sol puede quitarnos en un segundo.
No es una cuestión de «si» pasará, sino de «cuándo». El sol tiene ciclos. Las tormentas ocurren.
La próxima vez que vea una aurora boreal hermosa en una foto, recuerde que esa belleza es también la visualización del escudo de la Tierra siendo golpeado por un martillo cósmico. Y algún día, el martillo podría romper el escudo.
