Recreación del momento histórico en 1945 cuando se descubrieron los códices de Nag Hammadi dentro de una jarra en el desierto de Egipto.El hallazgo accidental que sacudió al Vaticano: 13 códices de papiro que sobrevivieron 1600 años bajo la arena.

Imagine que usted está cavando en busca de fertilizante en el desierto de Egipto, cerca de los acantilados de Jabal al-Tarif. Es diciembre de 1945. Su pala golpea algo duro. No es una roca. Es una jarra de arcilla roja, sellada con betún, de casi un metro de altura.

Usted duda. ¿Habrá un genio maligno (jinn) dentro? ¿O tal vez oro? La curiosidad le vence. Rompe la jarra. No hay oro, ni genios. Solo 13 libros viejos, encuadernados en cuero, con páginas de papiro quebradizo.

Usted acaba de encontrar la «bomba atómica» de la teología cristiana.

Esta es la historia real de Muhammad Ali al-Samman y el descubrimiento de la Biblioteca de Nag Hammadi. Lo que había en esos libros no eran cuentas de mercaderes, sino evangelios. Evangelios que hablaban de un Jesús que usted nunca escuchó en la misa del domingo. Un Jesús que ríe, que besa a María Magdalena en la boca y que dice que no necesita intermediarios para llegar a Dios.

Estos son los textos que la Iglesia primitiva intentó quemar y borrar de la faz de la Tierra. Acompáñeme a leer las páginas prohibidas y a descubrir por qué el conocimiento (Gnosis) fue declarado el enemigo número uno de la Fe.

¿Qué es el Gnosticismo?

Para entender el peligro de estos libros, usted debe entender primero qué creían los gnósticos.
La palabra viene del griego gnosis, que significa «conocimiento». Pero no conocimiento intelectual, sino conocimiento experiencial, directo y místico de lo divino.

El cristianismo ortodoxo (el que ganó la historia) le enseña a usted que:

  1. Usted es un pecador.
  2. Está separado de Dios.
  3. Necesita a la Iglesia, a los sacerdotes y a los sacramentos para salvarse.
  4. La salvación viene por la fe ciega en la resurrección física de Jesús.

El gnosticismo le dice a usted algo radicalmente diferente:

  1. Usted no es un pecador; es un ser divino que ha olvidado su origen.
  2. Tiene una «chispa divina» atrapada en un cuerpo material.
  3. El mundo material no fue creado por el Dios verdadero, sino por un demiurgo inferior e ignorante (a veces identificado con el Yahvé del Antiguo Testamento).
  4. Jesús no vino a salvarlo del pecado con su sangre; vino como un guía para despertarlo de la amnesia y recordarle que usted y Dios son lo mismo.

¿Entiende ahora por qué los obispos del siglo IV querían destruir estos libros? Si Dios está dentro de usted y usted puede acceder a él directamente a través del autoconocimiento, ¿para qué necesita a un obispo, un diezmo o una catedral? El gnosticismo era una amenaza existencial para la estructura de poder de la Iglesia institucional.

El Evangelio de Tomás: Las palabras secretas

La joya de la corona de Nag Hammadi es el Evangelio de Tomás. A diferencia de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, este evangelio no cuenta la historia del nacimiento ni de la crucifixión de Jesús. No hay pesebres ni cruces.

Son 114 «dichos» o logia de Jesús. Comienza con una promesa audaz: «Quien encuentre la interpretación de estas palabras no saboreará la muerte».

Lea lo que dice este Jesús gnóstico:

  • «El Reino de Dios está dentro de ti y a tu alrededor; no en edificios de madera y piedra. Corta un trozo de madera y yo estoy allí; levanta una piedra y me encontrarás».
  • «Si sacas lo que está dentro de ti, lo que saques te salvará. Si no sacas lo que está dentro de ti, lo que no saques te destruirá».

Usted está ante un maestro zen, un místico no-dualista que le invita a la introspección, no a la adoración externa.

El escándalo de María Magdalena

Otro texto explosivo es el Evangelio de Felipe. Aquí, la relación entre Jesús y María Magdalena se describe de una manera que haría sonrojar a un monje medieval.

El texto dice: «Y la compañera del Salvador es María Magdalena. Él la amaba más que a todos los discípulos y la besaba a menudo en la boca».

Usted no debe interpretar esto necesariamente como un romance carnal (aunque es posible), sino como un símbolo de la unión mística. Sin embargo, lo que es innegable es la autoridad espiritual que se le otorga a ella.
En el Evangelio de María, ella recibe enseñanzas secretas de Jesús que los hombres no conocen. Pedro, celoso, pregunta: «¿Ha hablado él realmente con una mujer sin que lo sepamos, y no abiertamente? ¿Debemos volvernos todos y escucharla a ella? ¿La ha preferido a nosotros?».

Estos textos nos muestran un cristianismo temprano donde las mujeres eran líderes, profetisas y maestras, antes de que la ortodoxia patriarcal las silenciara y convirtiera a Magdalena en una prostituta arrepentida (una etiqueta que no existe en los evangelios, ni canónicos ni gnósticos).

El Evangelio de Judas: La traición como deber

En 2006, se publicó otro texto gnóstico (el Códice Tchacos) que rehabilitaba al villano definitivo: Judas Iscariote.
En este evangelio, Judas no es un traidor. Es el único discípulo que realmente entiende quién es Jesús. Jesús le pide a Judas, como un favor supremo, que lo entregue a los romanos para que puedan matar su cuerpo físico y liberar su espíritu divino.

«Tú los superarás a todos», le dice Jesús a Judas, «porque tú sacrificarás el hombre que me reviste».
Para los gnósticos, el cuerpo era una prisión. Ayudar a Jesús a escapar de la carne no era un crimen; era un acto de liberación espiritual.

La gran purga: ¿Cómo se perdieron?

Usted debe preguntarse: si estos libros eran tan importantes, ¿por qué desaparecieron?
En el año 367 d.C., el obispo Atanasio de Alejandría envió una carta festiva definiendo por primera vez los 27 libros del Nuevo Testamento que hoy conoce. Ordenó que todos los demás libros «apócrifos» y «herejes» fueran purgados.

Los monjes del monasterio de San Pacomio, cerca de Nag Hammadi, amaban estos libros místicos. Pero tenían que obedecer al obispo. En lugar de quemarlos, los metieron en una jarra, la sellaron y la enterraron bajo la arena, esperando que pasara la tormenta.

La tormenta duró 1600 años.

Conclusión: La búsqueda de la verdad interior

El descubrimiento de Nag Hammadi no destruye el cristianismo, pero lo complica maravillosamente. Le muestra a usted que, en los orígenes, no había una sola «Iglesia», sino muchas cristianismos compitiendo.

El Jesús de Nag Hammadi no le pide que crea en milagros ni que obedezca dogmas. Le hace una pregunta incómoda: ¿Quién eres tú?
Le invita a buscar la divinidad en su propio interior, a reconocer que usted es una chispa de luz en un mundo de sombras.

La Iglesia eligió a Pedro (la roca, la institución). Los gnósticos eligieron a Tomás y a Magdalena (el conocimiento, el espíritu).
Usted tiene ahora los dos lados de la historia. La jarra se ha roto. El secreto ha salido. ¿Qué hará usted con este conocimiento prohibido?