Representación artística de la Torre Wardenclyffe de Nikola Tesla en funcionamiento, transmitiendo energía inalámbrica a la atmósfera.El sueño inconcluso: una torre diseñada para dar energía gratuita a cada hogar de la Tierra.

Imagine un mundo sin cables. Sin enchufes. Sin facturas de luz. Un mundo donde usted puede clavar una antena en el suelo en medio del desierto del Sahara o en la Antártida y obtener energía eléctrica ilimitada y gratuita para encender sus luces, calentar su hogar y mover su vehículo.

Este no es el argumento de una película de ciencia ficción utópica. Fue el plan real, patentado y parcialmente construido de Nikola Tesla en 1901.

Tesla, el hombre que nos dio la Corriente Alterna (el sistema que hoy ilumina el mundo), creía haber descubierto una forma de aprovechar la energía latente de la Tierra y la atmósfera para transmitir electricidad a escala global sin perder potencia.

Pero su sueño murió. Su torre fue demolida. Sus papeles fueron confiscados por el gobierno de EE.UU. tras su muerte.
¿Por qué? La respuesta corta es: Dinero.
Acompáñeme a Long Island, a los pies de la Torre Wardenclyffe, para descubrir cómo la codicia corporativa nos robó un futuro de abundancia energética.

El principio: La Tierra es una batería

Para entender la «energía libre», usted debe olvidar lo que sabe sobre cables de cobre.
Tesla descubrió que la Tierra no es solo una roca; es un conductor eléctrico excepcional. Y la ionosfera (la capa alta de la atmósfera) también es conductora. Entre ambas, hay una capa de aire aislante.
Básicamente, el planeta es un condensador esférico gigante.

Tesla se dio cuenta de que si golpeaba la Tierra con pulsos eléctricos a una frecuencia específica (la frecuencia de resonancia), podía crear ondas estacionarias.
Imagine un columpio. Si usted lo empuja en el momento justo, con muy poca fuerza puede hacerlo oscilar muy alto. Tesla quería «empujar» la carga eléctrica de la Tierra.

Su plan era bombear energía a la corteza terrestre. Una vez que la Tierra estuviera «vibrando» eléctricamente, cualquier persona en cualquier lugar del mundo podría clavar una varilla en el suelo y sintonizar esa energía, igual que una radio sintoniza una emisora.

La Torre Wardenclyffe: El transmisor mundial

Con el apoyo financiero del magnate J.P. Morgan, Tesla comenzó a construir su gran transmisor en Shoreham, Long Island.
La Torre Wardenclyffe tenía 57 metros de altura y una cúpula de cobre de 20 metros de diámetro. Debajo, tenía un sistema de raíces de hierro que penetraba 36 metros en el suelo para «agarrar» la Tierra.

Tesla le vendió la idea a Morgan como un sistema de radio global para transmitir noticias y cotizaciones de bolsa (el internet antes de internet). Pero su verdadero objetivo era la transmisión de potencia industrial.

La traición de J.P. Morgan

Cuando Tesla confesó su verdadero plan, Morgan se horrorizó.
J.P. Morgan era el dueño de las minas de cobre (para los cables) y tenía grandes inversiones en la naciente industria eléctrica y del caucho.
Si la energía se podía transmitir sin cables y estaba disponible en cualquier punto de la Tierra… ¿dónde se ponía el medidor? ¿Cómo se cobraba?

La energía libre significaba la bancarrota para el modelo de negocio de Morgan.
En 1904, Morgan cortó la financiación. Y no solo eso; utilizó su influencia para asegurarse de que ningún otro inversor tocara a Tesla. La prensa comenzó a llamar a Tesla «el científico loco».

En 1917, la torre fue dinamitada y vendida como chatarra para pagar las deudas del hotel de Tesla. Fue el fin del sueño.

El coche eléctrico de 1931

La leyenda de la energía libre no termina con la torre. Existe una historia persistente (aunque debatida) sobre un coche Pierce-Arrow de 1931.
Se dice que Tesla modificó el coche, reemplazando el motor de gasolina por un motor eléctrico de corriente alterna. Pero no tenía baterías.
En su lugar, Tesla instaló una pequeña caja con tubos de vacío y una antena. Según su sobrino, Peter Savo, Tesla dijo: «Ahora tenemos energía». Condujo el coche durante una semana a velocidades de hasta 140 km/h.

Cuando le preguntaron de dónde venía la energía, Tesla respondió: «Del éter que nos rodea».
¿Logró Tesla miniaturizar su receptor de energía cósmica? Nunca lo sabremos. Desmanteló la caja y se llevó el secreto a la tumba, temiendo que la tecnología fuera mal utilizada.

La incautación de los papeles

El 7 de enero de 1943, Nikola Tesla murió solo y pobre en la habitación 3327 del Hotel New Yorker.
Inmediatamente, agentes de la Oficina de Propiedad Extranjera (una división del gobierno de EE.UU.) entraron en su habitación y confiscaron todos sus documentos, planos y diarios. El encargado de revisar los papeles fue el Dr. John G. Trump (tío de Donald Trump).

Oficialmente, declararon que no había nada de valor militar. Pero muchos de esos documentos siguen clasificados o «perdidos» hasta el día de hoy.
¿Qué había en esas cajas? ¿Los planos del «Rayo de la Muerte»? ¿La fórmula de la energía libre?

¿Es posible hoy?

Usted se preguntará: Si la física es real, ¿por qué no lo hacemos ahora?
Científicos rusos han intentado replicar la Torre Wardenclyffe a menor escala. Y la tecnología de carga inalámbrica (como la de su cepillo de dientes o celular) usa el principio de inducción resonante de Tesla, pero a muy corta distancia.

El problema principal sigue siendo el mismo que en 1900: El modelo económico.
Nuestra economía global se basa en la escasez de energía (petróleo, gas, carbón). Una fuente de energía ilimitada y descentralizada colapsaría el sistema financiero actual, alteraría la geopolítica y liberaría a la humanidad de la necesidad de trabajar solo para sobrevivir.

Conclusión: El futuro que nos deben

Nikola Tesla dijo: «El presente es de ellos; el futuro, por el que realmente he trabajado, es mío».
Tesla no trabajaba para el lucro; trabajaba para la civilización. Nos ofreció las llaves del paraíso: energía limpia, ilimitada y gratuita. Pero la humanidad, o más bien, sus controladores financieros, decidieron que era más rentable seguir quemando cosas.

La tecnología de la energía libre no es magia; es física suprimida. Y quizás, en un futuro donde valoremos la supervivencia por encima de la ganancia, volvamos a mirar los planos de esa torre solitaria en Long Island y terminemos el trabajo que Tesla empezó.