Es el escenario final de innumerables películas de ciencia ficción y textos religiosos. Un cataclismo destruye la humanidad. Solo quedan un hombre y una mujer. Se miran a los ojos, sabiendo que sobre sus hombros recae la tarea titánica de reconstruir nuestra especie.
Suena romántico y heroico. Pero si usted le pregunta a un genetista, le dirá que es una pesadilla biológica destinada al fracaso.
La idea de que dos personas (un «Adán y Eva» modernos) pueden repoblar el planeta ignora una ley fundamental de la naturaleza: la diversidad genética. Sin ella, una especie se vuelve débil, enferma y estéril.
Acompáñeme a analizar los números fríos de la supervivencia. Descubriremos por qué el incesto es un tabú biológico, qué es el «Vórtice de Extinción» y cuántas personas necesitaríamos realmente para salvar a la humanidad en una nave espacial o en un búnker.
El problema matemático del incesto
Supongamos que nuestros dos supervivientes, llamémoslos Alex y Sarah, tienen hijos. Digamos que tienen 10 hijos sanos. Hasta aquí, todo bien.
Pero para que la especie continúe, esos hijos tienen que reproducirse. Y aquí es donde empieza el horror: solo pueden reproducirse entre hermanos.
Usted debe entender cómo funcionan los genes recesivos. Todos llevamos mutaciones dañinas en nuestro ADN (fibrosis quística, atrofia muscular, etc.), pero suelen ser recesivas. Necesita dos copias del gen defectuoso (una de mamá y una de papá) para que la enfermedad se manifieste.
Si usted se reproduce con un extraño, la probabilidad de que ambos tengan la misma mutación rara es bajísima. Su gen sano anula al defectuoso de su pareja.
Pero entre hermanos, el ADN es compartido en un 50%. La probabilidad de que ambos porten la misma mutación oculta se dispara.
En la primera generación de incesto (hijos de Alex y Sarah reproduciéndose entre sí), el riesgo de muerte infantil, malformaciones y discapacidad mental aumenta exponencialmente.
El caso de los Habsburgo y Pingelap
La historia nos da ejemplos de lo que pasa cuando el acervo genético se reduce.
- Carlos II de España (El Hechizado): El último rey de la dinastía Habsburgo. Producto de generaciones de matrimonios entre primos y tíos. Era estéril, tenía la mandíbula deformada, apenas podía hablar y murió joven. Su coeficiente de consanguinidad era más alto que si sus padres hubieran sido hermanos.
- El atolón de Pingelap: En 1775, un tifón mató a casi todos los habitantes de esta isla del Pacífico. Solo sobrevivieron 20 personas. Uno de ellos, el rey, portaba un gen raro de daltonismo total (acromatopsia). Hoy, el 10% de la isla ve el mundo en blanco y negro, comparado con el 0.003% en el resto del mundo. Esto es el Efecto Fundador.
Si dos personas repueblan la Tierra, cualquier defecto que tengan se amplificará hasta convertirse en la norma de la nueva humanidad.
La Regla 50/500: El número mágico
Entonces, ¿cuántos necesitamos?
En biología de la conservación, existe una regla general llamada 50/500.
- 50 individuos: Es el mínimo absoluto para evitar la depresión endogámica a corto plazo.
- 500 individuos: Es el mínimo para mantener la «plasticidad evolutiva» (la capacidad de adaptarse a cambios ambientales) a largo plazo.
Si usted quiere enviar una nave generacional a Alpha Centauri, la NASA y los antropólogos sugieren un número aún mayor: entre 14.000 y 40.000 personas para garantizar una diversidad genética saludable y evitar la deriva genética durante siglos.
¿Qué pasó hace 74.000 años?
Usted debe saber que ya estuvimos cerca.
Hace unos 74.000 años, el supervolcán Toba en Indonesia entró en erupción. Fue tan masivo que provocó un invierno volcánico de años.
Los estudios genéticos sugieren que la población humana se redujo a entre 1.000 y 10.000 parejas reproductoras.
Pasamos por un «cuello de botella». Perdimos mucha diversidad genética (por eso los humanos somos genéticamente mucho más similares entre nosotros que los chimpancés). Pero sobrevivimos porque éramos miles, no dos. Si hubiéramos sido dos, usted no estaría leyendo esto.
La excepción: ¿Podría funcionar con suerte?
En teoría, es posible (aunque improbable) que dos personas repueblen la Tierra si:
- Son genéticamente perfectos (sin mutaciones letales recesivas, algo casi imposible).
- Tienen una suerte estadística increíble para evitar enfermedades en las primeras generaciones.
- Tienen muchísimos hijos para maximizar las combinaciones posibles.
Pero incluso si sobreviven, la especie resultante sería extremadamente vulnerable. Un solo virus nuevo podría matarlos a todos porque todos tendrían el mismo sistema inmunológico idéntico. Serían clones funcionales.
Conclusión: La diversidad es supervivencia
La idea de Adán y Eva es un mito poderoso, pero biológicamente inviable.
La naturaleza nos enseña que la fuerza de una especie reside en sus diferencias, no en su pureza.
Para sobrevivir al apocalipsis, no necesitamos una pareja perfecta. Necesitamos una multitud desordenada, diversa y genéticamente variada.
Si alguna vez se encuentra en un búnker con solo otra persona y el destino de la humanidad depende de ustedes… bueno, inténtenlo. Pero no esperen que sus bisnietos ganen las olimpiadas.
