La imagen es icónica: Charlton Heston levanta su vara y dos muros de agua de 30 metros se congelan instantáneamente, permitiendo a los hebreos cruzar el mar en seco.
Es cine. Es magia.
Pero la Biblia cuenta una historia diferente, una que suena mucho más a física que a fantasía.
Éxodo 14:21 dice: «Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche».
Lea bien: Viento oriental. Toda la noche.
No fue instantáneo. Fue un proceso meteorológico.
La ciencia moderna llama a esto Wind Setdown (Descenso por Viento). Y lo más fascinante es que ocurre hoy en día.
Acompáñeme a analizar si el mayor milagro del Antiguo Testamento fue en realidad una obra maestra de estrategia militar y conocimiento meteorológico ejecutada por un hombre que sabía exactamente cuándo y dónde cruzar.
El fenómeno del Wind Setdown
En 2010, investigadores del Centro Nacional de Investigación Atmosférica (NCAR) de EE.UU. realizaron simulaciones por computadora para probar el relato bíblico.
Descubrieron que un viento fuerte del este (unos 100 km/h) soplando durante 12 horas sobre una laguna poco profunda (como el Lago Manzala en el delta del Nilo, o el antiguo Mar de los Juncos) podría empujar el agua hacia atrás.
El viento actúa como una escoba invisible. Empuja la superficie del agua, creando una «marea de viento».
Si la geografía es correcta (una curva en el río o una laguna conectada al mar), el agua se retira, dejando expuesto el lecho fangoso durante unas horas. Se crea un puente de tierra.
Cuando el viento cesa, el agua regresa de golpe, como un tsunami.
Esto encaja perfectamente con la narración: el viento sopló toda la noche, los hebreos cruzaron por la mañana, y cuando el viento paró, el agua volvió y ahogó a los egipcios que los perseguían con sus pesados carros (que se atascaron en el barro).
¿Mar Rojo o Mar de los Juncos?
Un error de traducción ha confundido al mundo durante siglos.
El texto hebreo original dice Yam Suph, que significa «Mar de los Juncos» o «Mar de las Cañas».
Cuando se tradujo al griego (Septuaginta), se cambió por Erythra Thalassa (Mar Rojo).
El Mar Rojo actual es profundo y ancho. Ningún viento podría partirlo.
Pero el Mar de los Juncos se refiere a los lagos pantanosos y poco profundos al norte del Golfo de Suez (Lagos Amargos, Lago Manzala).
En estos cuerpos de agua, el fenómeno del viento es físicamente posible y ha sido documentado históricamente. En 1882, el Mayor General Alexander Tulloch observó cómo el viento del este hacía bajar el nivel del Lago Manzala casi dos metros, dejando barcos varados en el lodo.
Moisés: El Príncipe que sabía
Moisés no era un pastor ignorante. Fue criado como hijo de la hija del Faraón. Recibió la mejor educación del mundo antiguo.
Los sacerdotes egipcios eran maestros astrónomos y meteorólogos. Sabían predecir las crecidas del Nilo y conocían los patrones de las mareas y los vientos.
Además, Moisés había vivido 40 años en el desierto de Madián como pastor después de huir de Egipto. Conocía el terreno. Conocía el clima.
¿Es posible que Moisés, guiado por su conocimiento (o por Dios a través de la naturaleza), supiera que esa noche específica se darían las condiciones para una marea baja extrema combinada con el viento?
Su genialidad estratégica fue llevar a su pueblo al lugar exacto en el momento exacto. Sabía que él podía cruzar a pie, pero que los carros de guerra del Faraón, pesados y con ruedas de madera, quedarían atrapados en el lecho húmedo cuando el agua regresara.
Conclusión: El milagro es el «Cuándo», no el «Qué»
Para la mentalidad antigua, no había distinción entre «natural» y «sobrenatural». Si el viento soplaba y salvaba a tu pueblo, era Dios quien enviaba el viento.
La explicación científica no le quita mérito al evento; lo hace más plausible.
El milagro no fue que se rompieran las leyes de la física. El milagro fue el Timing (la sincronización).
Que el viento soplara con la fuerza justa, en la dirección justa, justo cuando los hebreos estaban atrapados y los egipcios llegaban, es una coincidencia tan improbable que, para los supervivientes, solo podía ser obra de la Providencia.
Moisés usó el viento como arma. Y el Mar de los Juncos se convirtió en la tumba de un imperio y la cuna de una nación.
