Recreación artística del Padre Pellegrino Ernetti utilizando el Cronovisor para observar eventos históricos pasados.La televisión del tiempo: ¿Logró un monje benedictino sintonizar la historia?

Imagine que el Vaticano tiene una máquina escondida en sus sótanos que funciona como una televisión, pero en lugar de sintonizar canales, sintoniza el tiempo.
Usted podría encenderla y ver a Napoleón en Waterloo, escuchar el discurso de Cicerón en el Senado romano o presenciar la Última Cena en tiempo real.

Esta no es la trama de una novela de Dan Brown. Es la afirmación real hecha en los años 70 por el Padre Pellegrino Ernetti, un respetado monje benedictino, musicólogo y físico cuántico.

Ernetti afirmó haber construido el Cronovisor en los años 50, con la ayuda de un equipo de científicos de élite que incluía al Premio Nobel Enrico Fermi y al padre de la cohetería nazi (y luego de la NASA) Wernher von Braun.

¿Fue el mayor secreto tecnológico del siglo XX, suprimido por el Papa por ser demasiado peligroso? ¿O fue la fantasía de un monje brillante pero delirante?
Acompáñeme a los archivos secretos para buscar la verdad sobre la máquina que podía ver a Dios.

El principio: Las ondas nunca mueren

Para entender cómo funcionaba (supuestamente), usted debe entender la teoría de Ernetti.
Él creía que cada ser vivo deja una huella energética. El sonido y la luz son formas de energía. Según la ley de conservación de la energía, la energía no se crea ni se destruye, solo se transforma.

Ernetti teorizó que las ondas sonoras y visuales emitidas por los humanos en el pasado no desaparecen. Simplemente se atenúan y quedan flotando en el éter electromagnético.
El Cronovisor funcionaba como un transductor y decodificador. Captaba estas ondas residuales débiles, las amplificaba y las reconstruía en imágenes y sonidos coherentes en una pantalla de rayos catódicos.

Era, en esencia, una máquina para recuperar el «Akasha» o la memoria del universo.

Lo que vieron: De Cicerón a Jesús

Ernetti no fue tímido con sus afirmaciones. Dijo que él y su equipo habían visto y escuchado:

  1. Un discurso perdido de Quinto Ennio en Roma (año 169 a.C.).
  2. La destrucción de Sodoma y Gomorra.
  3. La fundación de Roma.
  4. Y el evento principal: La Pasión de Cristo.

Ernetti afirmó haber visto la Última Cena y la crucifixión. Describió a los apóstoles, la ropa y el rostro de Jesús con detalle. Incluso trajo una «prueba»: una fotografía del rostro de Cristo sufriendo en la cruz.

El escándalo y la confesión

La historia explotó en 1972 cuando la revista italiana La Domenica del Corriere publicó la entrevista con Ernetti y la foto de Jesús.
El mundo estaba fascinado. Pero pronto, la duda se instaló.

Alguien notó que la foto de Jesús se parecía sospechosamente a una talla de madera de un crucifijo en el Santuario del Amor Misericordioso en Collevalenza, Italia. Al superponerlas, eran idénticas. Ernetti no había fotografiado el pasado; había fotografiado una estatua (o alguien le había dado esa foto para desacreditarlo).

Además, se descubrió que el texto de la obra perdida de Ennio («Thyestes») que Ernetti afirmó haber transcrito contenía palabras en latín que no existían en la época de Ennio.

La supresión del Vaticano

Según la leyenda, el Papa Pío XII y las autoridades vaticanas se aterrorizaron con el invento.
Si el Cronovisor existía, significaba el fin de la privacidad. Cualquier gobierno podría espiar los secretos de cualquier ciudadano, en cualquier momento del pasado. No habría secretos de estado, ni confesiones privadas. Sería la dictadura perfecta.

Se dice que el Papa ordenó desmantelar la máquina y confiscar los planos. Ernetti fue silenciado y se le prohibió hablar del tema bajo pena de excomunión.
Murió en 1994, llevándose el secreto a la tumba.

¿Realidad o Ficción?

Usted debe ser escéptico.

  1. Física: La idea de recuperar ondas de luz de hace 2000 años es físicamente imposible con nuestra comprensión actual. La entropía dispersa la información hasta hacerla irrecuperable.
  2. El equipo: No hay evidencia de que Fermi o Von Braun trabajaran con Ernetti. Fermi murió en 1954, antes de que el proyecto supuestamente se completara.

Sin embargo, hay un detalle inquietante. En 1988, el Vaticano emitió un decreto advirtiendo que «cualquiera que use un instrumento de tales características para captar confesiones o secretos» sería excomulgado.
¿Por qué emitir una advertencia específica sobre una máquina de tiempo si tal máquina no existe?

Conclusión: El deseo de ver

El Cronovisor es probablemente una leyenda urbana, nacida de la mente de un hombre que quería probar la existencia de Dios a través de la ciencia.
Pero nos fascina porque toca un deseo profundo: queremos saber la verdad sobre el pasado. Queremos ver si la historia fue como nos la contaron.

Si el Vaticano tiene el dispositivo, está guardado junto a los evangelios perdidos y los secretos de Fátima. Y quizás sea mejor así. Porque si pudiéramos ver todo lo que ha ocurrido, tal vez no nos gustaría lo que encontraríamos.