
El enigma de las manos desnudas
En los callejones húmedos de Manila y en las remotas provincias de Pangasinán, se gestó durante décadas un fenómeno que desafía la lógica médica occidental y sacude los cimientos de la biología convencional. Hombres y mujeres, a menudo sin formación académica, afirman poseer la capacidad de penetrar el cuerpo humano con sus manos desnudas, extraer tumores, coágulos o ‘energía enferma’ y cerrar la piel sin dejar rastro de cicatriz. Este es el mundo de la cirugía psíquica, un terreno donde la parapsicología, la fe religiosa y el ilusionismo se entrelazan de tal forma que resulta casi imposible separar la verdad del artificio.
Para entender este fenómeno, debemos alejarnos de la visión aséptica de un quirófano moderno. Aquí no hay bisturís, anestesia ni protocolos de esterilización. El paciente se tumba en una mesa improvisada, rodeado a menudo de un aura de misticismo cristiano. El sanador comienza a manipular el abdomen o la zona afectada. De pronto, la sangre brota entre los dedos, el tejido parece abrirse como si fuera agua y pedazos de materia orgánica son extraídos ante la mirada atónita de los presentes. Minutos después, una limpieza rápida con un algodón revela una piel intacta. ¿Estamos ante una manipulación del tejido a nivel molecular o frente a una de las puestas en escena más sofisticadas de la historia de la prestidigitación?
Raíces históricas y el ascenso de los sanadores
La cirugía psíquica no nació en un vacío. Filipinas es un archipiélago donde el animismo ancestral se fusionó con un catolicismo ferviente traído por los españoles. Esta mezcla creó un caldo de cultivo perfecto para el ‘espiritismo’, una creencia que sostiene que ciertos individuos pueden actuar como canales para entidades espirituales o el Espíritu Santo. En la década de 1940 y 1950, figuras como Eleuterio Terte comenzaron a ganar notoriedad. Terte, originalmente un sanador que utilizaba hierbas, afirmó que sus manos adquirieron la capacidad de ‘abrir’ el cuerpo tras una revelación espiritual.
Sin embargo, fue en los años 70 cuando el fenómeno explotó internacionalmente. Tony Agpaoa se convirtió en la figura central, atrayendo a miles de occidentales desesperados que buscaban una cura para enfermedades terminales. Agpaoa no solo era un sanador; era un imán mediático. Su éxito puso a Filipinas en el mapa del turismo espiritual, pero también bajo la lupa de científicos, escépticos y magos profesionales que buscaban desentrañar el truco detrás del supuesto milagro.
La mecánica del fenómeno: ¿cómo lo hacen?
Desde una perspectiva técnica y escéptica, la cirugía psíquica se explica a través de la prestidigitación de alto nivel. Investigadores como James Randi y el ilusionista Milbourne Christopher dedicaron años a estudiar los movimientos de estos sanadores. La técnica, según estos expertos, se basa en el ‘falso pliegue’ de la piel. El sanador presiona la piel del paciente de tal manera que crea una hendidura profunda que simula una incisión. La sangre, por su parte, suele ser sangre animal (de pollo o cerdo) oculta en pequeñas cápsulas o esponjas escondidas en las manos del practicante o en el algodón utilizado.
La materia extraída, esos supuestos tumores, han sido analizados en laboratorios de Estados Unidos y Europa en múltiples ocasiones. Los resultados suelen ser consistentes: tejido conectivo de origen animal, grasa de pollo o incluso restos vegetales. A pesar de estas pruebas contundentes, los defensores de la práctica sostienen que estos objetos son ‘materializaciones’ de energía negativa. Según esta visión, el sanador no está extrayendo un tumor físico real, sino que transmuta la energía de la enfermedad en una forma física que el paciente puede ver, facilitando así un proceso de curación psicosomática.
El poder de la creencia y el efecto placebo
No se puede ignorar el impacto psicológico. La cirugía psíquica opera en un nivel donde la medicina tradicional a menudo falla: la conexión emocional y espiritual. El paciente que viaja miles de kilómetros, gasta sus ahorros y se entrega a un ritual sagrado, entra en un estado de alta sugestibilidad. El efecto placebo no es simplemente ‘imaginar’ que uno está bien; es una respuesta neurobiológica real donde el cerebro libera endorfinas y dopamina, reduciendo el dolor y mejorando el estado inmunológico temporalmente.
Muchos pacientes reportan una mejoría inmediata. Se sienten ‘limpios’. Esta euforia puede durar semanas, permitiendo que personas con movilidad reducida vuelvan a caminar o que el dolor crónico desaparezca. El problema surge cuando la patología subyacente, como un carcinoma, sigue progresando silenciosamente mientras el paciente abandona sus tratamientos convencionales convencido de que ha sido curado por el poder del espíritu.
Análisis crítico: entre la estafa y la parapsicología
Si analizamos el fenómeno bajo el lente de la parapsicología seria, algunos investigadores sugieren que no todos los casos pueden reducirse a trucos de manos. El Dr. Hans Naegeli-Osjord, un médico suizo que estudió a los sanadores filipinos, propuso que en casos excepcionales podría existir una influencia de la mente sobre la materia (psicocinesis). Sin embargo, incluso los investigadores más abiertos admiten que el fraude es rampante. La presión por producir resultados frente a turistas que pagan altas sumas de dinero empuja incluso a los sanadores ‘auténticos’ a recurrir al engaño para no decepcionar a su audiencia.
La ética de la cirugía psíquica es el punto más oscuro de esta narrativa. Mientras algunos sanadores operan por donaciones mínimas en sus comunidades, otros han construido imperios económicos explotando la desesperación de enfermos de cáncer en etapas terminales. La línea entre un ritual de sanación culturalmente significativo y una estafa criminal es, en muchos casos, inexistente. La comunidad médica internacional ha denunciado repetidamente estas prácticas, advirtiendo que el peligro real no es el ‘acto’ en sí, sino el abandono de la medicina basada en la evidencia.
El legado de los límites ocultos de la mente
A pesar de las denuncias y las pruebas de fraude, la cirugía psíquica persiste. Esto se debe a que toca una fibra humana fundamental: el deseo de lo milagroso. En un mundo donde la ciencia a menudo nos presenta verdades frías y diagnósticos terminales sin esperanza, el sanador filipino ofrece una narrativa de redención y posibilidad. Es un recordatorio de que la mente humana tiene una capacidad asombrosa para construir realidades, y que la frontera entre lo que vemos y lo que queremos creer es mucho más delgada de lo que nos gusta admitir.
El estudio de estos sanadores nos enseña más sobre la psicología del paciente y la antropología de la fe que sobre la anatomía humana. Es un espejo de nuestra propia vulnerabilidad. Al final del día, ya sea mediante una transmutación energética o un hábil truco de manos con sangre de pollo, la cirugía psíquica sobrevive porque el ser humano siempre buscará una salida cuando todas las puertas del mundo físico parecen haberse cerrado.
¿Es legal la cirugía psíquica en la actualidad?
En la mayoría de los países occidentales, la práctica de la cirugía psíquica es ilegal y se persigue como fraude o ejercicio ilegal de la medicina. En Filipinas, aunque no está formalmente integrada en el sistema de salud, existe en una zona gris legal y cultural, siendo tolerada como parte de las tradiciones espirituales y el turismo religioso.
¿Qué sucede si un paciente abandona su tratamiento médico por estas prácticas?
Este es el riesgo más grave. El abandono de tratamientos oncológicos o crónicos suele conducir a un empeoramiento acelerado de la enfermedad. Muchos casos de fallecimientos asociados a la cirugía psíquica no ocurren por la práctica en sí, sino por la pérdida de tiempo crítico en el que la medicina convencional podría haber intervenido.
¿Existen videos que prueben que es real?
Existen miles de grabaciones, pero ninguna ha pasado un análisis forense riguroso bajo condiciones controladas que descarte el ilusionismo. Los magos profesionales han replicado cada uno de los movimientos y efectos vistos en esos videos utilizando técnicas de prestidigitación estándar.
¿Por qué los pacientes dicen sentir que les tocan los órganos internos?
Esto se debe a una combinación de presión física intensa aplicada por el sanador, que crea una sensación táctil profunda, y un estado de trance o alta sugestión donde el cerebro interpreta esa presión como una incursión dentro de la cavidad abdominal.
