El fútbol es el deporte más popular del planeta. Mueve pasiones, une países y genera miles de millones de dólares. Pero detrás de los goles y las copas, existía una organización que operaba no como una federación deportiva, sino como una familia mafiosa.
Durante décadas, la FIFA (Fédération Internationale de Football Association) fue intocable. Sus directivos vivían como reyes, volaban en jets privados y decidían el destino de los Mundiales en habitaciones cerradas de hoteles de lujo en Zúrich.
Todo el mundo sospechaba que había juego sucio, pero nadie tenía pruebas. Hasta que un hombre gordo, con barba de Papá Noel y un loro en el hombro, decidió hablar.
Acompáñeme a destapar el FIFA Gate. La historia de cómo el FBI, un apartamento para gatos en la Torre Trump y la codicia desmedida por el Mundial de Qatar 2022 hicieron caer el imperio de Sepp Blatter.
El sistema: Pagar para jugar
Para entender la corrupción, usted debe entender el poder de la FIFA.
La FIFA no solo organiza el Mundial; es dueña de los derechos de televisión y marketing.
Empresas de medios y marcas deportivas estaban dispuestas a pagar lo que fuera por esos derechos. Y los directivos de la FIFA estaban dispuestos a venderlos… a cambio de una «comisión» personal.
El esquema era simple y brutal:
- Derechos de TV: Los directivos de las confederaciones (especialmente CONMEBOL y CONCACAF) recibían sobornos millonarios de empresas de marketing deportivo (como Traffic o Torneos y Competencias) para otorgarles los derechos de transmisión de la Copa América o la Copa Libertadores a precios bajos.
- Votos para Mundiales: Los países que querían ser sede del Mundial pagaban sobornos a los miembros del Comité Ejecutivo de la FIFA para comprar su voto.
Se estima que se movieron más de 200 millones de dólares en sobornos documentados.
Chuck Blazer: El hombre del 10%
El personaje central de esta trama es Chuck Blazer. Era el secretario general de la CONCACAF (Norteamérica, Centroamérica y Caribe).
Blazer vivía una vida de excesos. Tenía dos apartamentos en la Torre Trump de Nueva York: uno para él y otro, de 6.000 dólares al mes, solo para sus gatos.
Comía en los mejores restaurantes y acumulaba millones en cuentas offshore.
Pero cometió un error: no pagó impuestos en Estados Unidos durante 20 años.
En 2011, el FBI y el IRS lo acorralaron. Le dieron una opción: ir a la cárcel el resto de su vida o convertirse en informante.
Blazer eligió traicionar a sus amigos.
Durante los Juegos Olímpicos de Londres 2012, Blazer se paseó en su silla de ruedas con un micrófono escondido en su llavero. Grabó a altos ejecutivos de la FIFA admitiendo haber aceptado sobornos para elegir a Sudáfrica como sede del Mundial 2010 y discutiendo pagos ilícitos.
El detonante: Qatar 2022
Aunque la corrupción era endémica, lo que realmente encendió la mecha fue la elección de las sedes de los Mundiales de 2018 y 2022.
En 2010, la FIFA sorprendió al mundo al otorgar el Mundial 2018 a Rusia y el 2022 a Qatar.
Qatar era una elección absurda deportivamente: un país desértico, sin estadios, sin tradición futbolística y con temperaturas de 50°C en verano.
Las acusaciones de compra de votos fueron inmediatas. Se dice que Qatar gastó millones sobornando a ejecutivos africanos y asiáticos.
Esto enfureció a Estados Unidos (que perdió la sede contra Qatar) y a Inglaterra (que perdió contra Rusia). La maquinaria judicial se puso en marcha.
La redada del Baur au Lac
El 27 de mayo de 2015, el mundo del fútbol despertó con una imagen impactante.
A las 6:00 AM, la policía suiza, a petición del Departamento de Justicia de EE.UU., entró en el lujoso hotel Baur au Lac en Zúrich, donde los directivos de la FIFA dormían antes de su congreso anual.
Siete altos funcionarios fueron arrestados en sus pijamas y sacados cubiertos con sábanas blancas para evitar las fotos. Entre ellos estaba Jeffrey Webb, el sucesor de Jack Warner.
Al mismo tiempo, el FBI allanaba la sede de la CONCACAF en Miami.
La Fiscal General de EE.UU., Loretta Lynch, anunció cargos contra 14 personas por crimen organizado, fraude electrónico y lavado de dinero. Dijo la frase lapidaria: «Han corrompido el negocio del fútbol mundial para servir a sus intereses y enriquecerse».
La caída de Sepp Blatter
Sepp Blatter, el presidente de la FIFA desde 1998, no fue arrestado ese día. De hecho, fue reelegido presidente dos días después, desafiante.
Pero la presión era insostenible. Los patrocinadores (Coca-Cola, Visa, McDonald’s) amenazaron con irse.
Días después, Blatter anunció su renuncia.
Más tarde, fue suspendido por la propia FIFA por un pago desleal de 2 millones de francos suizos a Michel Platini (presidente de la UEFA), quien también cayó en desgracia.
Conclusión: ¿Limpieza o maquillaje?
El FIFA Gate descabezó a la organización. Hombres poderosos como Jack Warner, Nicolás Leoz y Julio Grondona (póstumamente) fueron expuestos como criminales.
La FIFA prometió reformas, transparencia y ética.
Pero usted debe ser escéptico. El dinero que mueve el fútbol sigue siendo astronómico. Donde hay tanto dinero y tan poca supervisión externa, la tentación persiste.
El Mundial de Qatar se jugó, a pesar de las pruebas de soborno y las denuncias de derechos humanos. El espectáculo continuó.
La lección del FIFA Gate es que incluso los imperios más intocables pueden caer si un hombre con un micrófono (y miedo a la cárcel) decide hablar. El fútbol es hermoso, pero quienes lo manejan, a menudo, no lo son.
