Ilustración dramática de la alucinación de David Berkowitz, mostrando al perro de su vecino transformado en una entidad demoníaca que le ordena matar."Sam tiene sed": Berkowitz afirmó que el perro de su vecino era un demonio de 6.000 años que exigía sangre.

Cuando un hombre mata a una persona, es un crimen. Cuando mata a seis y dice que un perro de 6.000 años le ordenó hacerlo, es una pesadilla.

La historia del crimen está llena de monstruos humanos. Pero hay una categoría especial que nos hiela la sangre: aquellos que afirman no actuar solos. Dicen ser soldados, marionetas o recipientes de fuerzas oscuras que les susurran al oído.

Para la psiquiatría, es esquizofrenia paranoide. Para la ley, es un intento de alegar locura. Pero para ellos, las voces eran reales.
Acompáñeme a descender a los abismos de la mente criminal para analizar los casos de David Berkowitz y Richard Ramirez. ¿Estaban locos, eran mentirosos o miraron al abismo hasta que algo les devolvió la mirada?

El Hijo de Sam: El perro que hablaba

Nueva York, 1976. Un hombre armado con un revólver calibre .44 aterroriza a la ciudad, matando a parejas en coches aparcados.
Cuando la policía finalmente atrapó a David Berkowitz en 1977, él sonrió y dijo: «Me atraparon. ¿Qué tardaron tanto?».

Su confesión fue delirante. Berkowitz afirmó que no quería matar, pero que no tenía elección. Dijo que su vecino, Sam Carr, era en realidad un espíritu demoníaco de 6.000 años, y que se comunicaba con él a través de su perro labrador negro, Harvey.
Según Berkowitz, el perro aullaba órdenes por la noche: «Sal y mata. Sam tiene sed de sangre».

El análisis:
Años después, Berkowitz admitió que la historia del perro era mentira. Dijo que era parte de un culto satánico real llamado «The Children» (Los Hijos) y que los asesinatos eran rituales grupales.
¿Cuál es la verdad? ¿El perro demoníaco fue una invención para alegar locura, o la tapadera de una conspiración de culto aún más oscura que nunca se probó?

Richard Ramirez: El discípulo de Satán

Si Berkowitz parecía un hombre triste y confundido, Richard Ramirez (The Night Stalker) era la encarnación del mal carismático.
Aterrorizó Los Ángeles en 1985. Entraba en casas al azar, violaba, torturaba y mataba con una crueldad inimaginable.

Ramirez no decía que el diablo lo obligaba; decía que él trabajaba para el diablo voluntariamente.
Dejaba pentagramas dibujados en las paredes y en los cuerpos de las víctimas (a veces con lápiz labial, a veces tallados en la piel). Obligaba a sus víctimas a jurar lealtad a Satán antes de matarlas.

En su juicio, entró con un pentagrama dibujado en la palma de la mano, lo mostró al jurado y gritó: «¡Ave Satán!».
Para Ramirez, el asesinato no era una orden; era una ofrenda. Creía que cada alma que tomaba aumentaría su poder en el infierno.

Herbert Mullin: Matar para salvar al mundo

Un caso menos conocido pero fascinante es el de Herbert Mullin. En 1972, mató a 13 personas en California.
Su motivo no era el odio ni el placer. Era el «sacrificio».
Mullin creía que un terremoto masivo («The Big One») iba a destruir California. Una voz en su cabeza (que él identificaba como telepática) le dijo que la única forma de evitar la catástrofe era ofrecer sangre humana a la tierra.
«Mato para que ustedes vivan», dijo.
Lo escalofriante es que, durante su ola de asesinatos, la actividad sísmica en la zona disminuyó estadísticamente. (Coincidencia, por supuesto, pero suficiente para alimentar su delirio).

La defensa del Diablo: ¿Estrategia o realidad?

Usted debe ser escéptico. Alegar «voces demoníacas» es la forma más rápida de intentar ir a un hospital psiquiátrico en lugar de a la silla eléctrica.
Sin embargo, los psiquiatras forenses distinguen entre:

  1. El simulador: Inventa una historia de demonios después de ser atrapado. Sus crímenes son organizados y cuidadosos (como Ted Bundy).
  2. El psicótico real: Sus crímenes son desorganizados, caóticos y a menudo se queda en la escena o deja pistas obvias porque no está en la realidad (como Richard Chase, el Vampiro de Sacramento).

Berkowitz mostró rasgos de ambos, lo que lo hace un enigma. Ramirez era claramente un psicópata organizado que usaba el satanismo como una ideología de poder, no como una alucinación.

Conclusión: La oscuridad interior

Al final, no importa si el demonio es una entidad externa o un cortocircuito en el lóbulo temporal. El resultado es el mismo: muerte.
Estos asesinos nos obligan a mirar la capacidad humana para el mal y a preguntarnos de dónde viene.
¿Es el cerebro humano capaz de generar monstruos por sí solo, o a veces, solo a veces, sintoniza una frecuencia que no debería escuchar?