Mire al cielo. Si ve un avión, sabe cómo funciona: motores a reacción empujan aire hacia atrás, y las alas crean sustentación al moverse rápido. Es ruidoso, sucio y depende de la aerodinámica.
Pero, ¿y si le dijera que desde los años 50, existe otra forma de volar? Una forma que no usa alas, ni hélices, ni explosiones. Una forma que manipula la masa misma del vehículo para que la gravedad deje de afectarle.
Bienvenido al mundo de la Antigravedad y la Electrogravitica.
Esta no es una fantasía de Star Wars. Es una rama de la física que fue investigada abiertamente por las mayores corporaciones aeroespaciales (Boeing, Lockheed, Convair) hasta que, de repente, en 1957, todo se volvió «negro». Silencio total.
Acompáñeme a investigar si el gobierno de los Estados Unidos ha estado volando OVNIs hechos por humanos durante décadas, ocultos bajo el presupuesto de los «Proyectos Negros».
El padre de la antigravedad: Thomas Townsend Brown
Todo comienza con un joven físico llamado Thomas Townsend Brown. En los años 20, descubrió algo extraño: si aplicaba un voltaje muy alto (decenas de miles de voltios) a un condensador (un dispositivo que almacena carga), este se movía hacia el polo positivo.
No era viento iónico. El dispositivo se movía incluso en el vacío.
Brown había descubierto una conexión directa entre la electricidad y la gravedad. Lo llamó el Efecto Biefeld-Brown.
En los años 50, Brown estaba haciendo volar discos de metal de 1 metro de diámetro alrededor de un poste a velocidades de cientos de kilómetros por hora, usando solo electricidad.
Las grandes compañías aeroespaciales estaban entusiasmadas. Las revistas de aviación predecían que para 1960, los aviones de hélice serían obsoletos.
Y entonces, el silencio. La investigación desapareció de la vista pública. ¿Fracasó? ¿O tuvo tanto éxito que se clasificó al nivel más alto?
El B-2 Spirit: ¿Un planeador antigravedad?
Mire el bombardero furtivo B-2 Spirit de Northrop Grumman. Es un ala volante gigante. Cuesta 2.000 millones de dólares por unidad.
Oficialmente, vuela gracias a la aerodinámica y motores jet. Pero hay anomalías.
El B-2 tiene un sistema eléctrico masivo que carga el borde de ataque de sus alas con millones de voltios. Oficialmente, es para reducir la firma de radar.
Pero el físico Paul LaViolette analizó el diseño y concluyó que el B-2 utiliza propulsión electrogravitica. Al cargar el frente del avión con electricidad positiva y la cola con negativa, crea un campo de fuerza que reduce la resistencia del aire y, teóricamente, reduce la masa inercial del avión.
Esto explicaría cómo un avión subsónico puede tener el alcance y la capacidad de carga que tiene, violando las ecuaciones de eficiencia de combustible convencionales.
El TR-3B Astra: El Triángulo Negro
Si el B-2 es la tecnología «pública», el TR-3B Astra es la joya de la corona de los proyectos negros.
Miles de personas en todo el mundo (especialmente en Bélgica en 1990 y en el Valle del Hudson) han visto enormes triángulos negros flotando en silencio absoluto, a veces disparando a velocidades imposibles.
Según filtraciones de supuestos ingenieros del Área 51 (como Edgar Fouche), el TR-3B no es un avión. Es una plataforma antigravedad.
Funciona con un Disruptor de Campo de Plasma Magnético (MFD). Un anillo de plasma de mercurio presurizado gira a 60.000 rpm alrededor de la cabina.
Este plasma superconductor crea un campo que reduce la masa del vehículo en un 89%.
Con solo el 11% de su masa real, el TR-3B puede realizar maniobras que matarían a un piloto por la fuerza G (giros de 90 grados a Mach 9) y flotar como una pluma.
Ben Rich y la confesión final
Ben Rich fue el director de Lockheed Skunk Works, la división que creó el U-2 y el SR-71 Blackbird. El hombre sabía secretos.
Antes de morir en 1995, hizo varias declaraciones que han alimentado la leyenda:
- «Ya tenemos los medios para viajar entre las estrellas, pero estas tecnologías están encerradas en proyectos negros y haría falta un acto de Dios para sacarlas para el beneficio de la humanidad».
- «Cualquier cosa que puedas imaginar, ya sabemos cómo hacerlo».
¿Estaba hablando de antigravedad?
La conexión OVNI
Esto nos lleva a una conclusión incómoda. Muchos de los OVNIs que la gente ve no son extraterrestres. Son nuestros.
Si el ejército de EE.UU. dominó la electrogravitica en los años 60, han tenido 60 años para perfeccionarla.
Los triángulos negros, los discos silenciosos… podrían ser la evolución de los experimentos de Townsend Brown, pagados con billones de dólares de presupuesto negro que desaparecen del Pentágono cada año.
Conclusión: La jaula de la gravedad
La gravedad es la cadena que nos ata a la Tierra y nos hace dependientes de los cohetes químicos explosivos para salir.
Si la tecnología antigravedad existe, su liberación cambiaría todo. El transporte, la energía, la exploración espacial.
Pero también haría obsoletos los misiles, los aviones comerciales y la industria del petróleo.
La tecnología para liberarnos de la gravedad podría estar ya aquí, zumbando silenciosamente sobre nuestras cabezas en la noche, pilotada por hombres que han jurado mantenernos en la oscuridad.
